Supay
Supay es un tipo de entidades espirituales dentro de la mitología incaica. De acuerdo al diccionario quechua-castellano de 1560 del fraile Domingo de Santo Tomás, el término en su forma original era neutral y podía ser utilizado para referirse a un espíritu moralmente bueno (allisupa, 'ángel bueno') o a un espíritu moralmente malo (manaallisupa, 'ángel malo'). Posteriormente, el término es utililizado para referirse al diablo cristiano.[1]
Etimología
[editar | editar código]Según los diccionarios de Jesús Lara, Fray Diego González de Holguín, Lira y Anónimo, el nombre Supay proviene vocablo quechua supa que se traduce como sombra, enfermedad, muerte, poseído o loco.[2]
Características
[editar | editar código]Según la mitología incaica, el término Supay comprende a una raza entera de demonios, así como también al dios de la muerte, dueño del inframundo y de una raza de guerreros abisales.
Supay es comúnmente descrito con una apariencia "demoníaca", pues tenía largos cuernos, ojos vidriosos y estelares, un rostro felinico poblado de largos colmillos y largas orejas. Al igual que otros dioses andinos, Supay es un dios multiforme; puesto que puede manifestarse bajo la forma de cualquier cosa. Sumando lo anterior con su personalidad conflictiva e impredecible, Supay es clasificado como Trickster, pues puede tanto proteger a la humanidad en su travesía hacia el más allá como también tiene la potestad de engañar y/o instar a la humanidad a relucir su más retorcida versión. Dichas características y habilidades lo convertían en un ser muy peligroso para aquellos que no le mostraban respeto.
Aún después de lo antes mencionado, existieron y existen personas que creen firmemente en su poder al punto de venerarlo, para que de esta manera el dios les haga favores, tanto para el mal como para el bien. Su veneración era a través de ofrendas, altares y rituales.
Supay es colocado comúnmente como la personificación de toda la maldad. A pesar de esto, el concepto original de Supay lo retrata como un dios ambivalente, podía ser considerado tanto malo como bueno. Las antiguas leyendas mencionaban que Supay iba más allá de la maldad que evocaba. Debido a que él es descrito como el protector y guía del camino que toman los muertos. Rol muy similar al del dios Anubis.
Supay fue creado por Viracocha, con el propósito de mostrar a la humanidad que siempre habrá maldad en el mundo, pero no la suficiente. Debido a esto, los incas creyeron que él era un ser que equilibraba la balanza entre el bien y el mal. El hecho de que Huiracocha lo haya creado, lo hace hermano del dios Inti, Illapa y Mama Quilla.
Podía ser benevolente con los vivos de su agrado y con los que tenían una muerte digna, pero era terrible y malvado con el resto, tanto en el mundo inferior como en el mundo terrenal, porque podía inclinar la balanza de la mala suerte con solo pensarlo.[3]
Supay era una divinidad maquiavélica y se burlaba de los sufrimientos ajenos, de las creencias y hasta los conocimientos, porque lo ponía todo en duda, y era capaz de cambiar las ideas y los pensamientos, haciendo del hombre santo un malvado, y de un hombre sabio un loco sin conciencia ni conocimiento.
Hurin Pacha, era su hogar natural, pero podía ir y venir de la Tierra al Cielo cuando se le antojara. Esto último lo establece como una deidad impredecible, voluble y de carácter ubicuo (podía ser benevolente o maquiavélico; podía manifestarse bajo cualquier forma y en todo lugar, demostrando ser omnipresente y que las leyes no están del todo sujetas a él). Por donde sea que se manifestaba, Supay iba extendiendo un manto de terror y desazón. Asimismo, esta deidad iba recordándole a todos y cada uno (dioses o humanos), que estaban siempre bajo la amenaza de la destrucción, la desaparición y la muerte. Este pensamiento aplica para cualquier cosa que creyeran hermosa o segura, puesto que esta misma podía desaparecer en un instante y para siempre, frustrando todos los sueños y los planes de los dioses y los hombres (como personificación de la muerte, Supay y su naturaleza ubicua evocan la realidad omnipresente e inevitable de la propia muerte, que está al acecho en cada esquina del universo).
Supay también fue creador de hombres, pero le salieron a su imagen y semejanza convirtiéndose con el tiempo en terribles demonios de las profundidades, de los caminos, de las montañas, de las aguas, de la selva y de las cuevas.
Los españoles lo asimilaron con el Diablo; sin embargo, según las tradiciones y leyendas andinas, Supay aparece como huaca de la buena y mala suerte, del amor sexual o del enamoramiento, de la transgresión y de la aventura, de los excesos y de la diversión que no se toma la vida en serio, porque la vida es pasajera y nada seria.[3]
Supay según los cronistas
[editar | editar código]Al igual que los primeros evangelizadores, muchos cronistas han descrito y expuesto a la divinidad Supay de la misma manera errónea. La referencia más atávica hacia Supay se encuentra en el lexicón de Fray Domingo de Santo Tomás. En ella, él alega la naturaleza de Supay de la siguiente manera:[4]
«Y a estos ángeles malos (Supays) por sus pecados los echó Dios del cielo, y desterró acá baxo de la tierra, al infierno en gran fuego, oscuridad, y hedor, donde hasta agora están, y estarán para siempre encerrados, padesciendo por sus pecados. Y estos son los que en vuestra lengua llamays "manaalliçupay"».Léxicon o Vocabulario de la lengua general del Perú
En este testimonio, se puede identificar la equiparación de Supay con los ángeles malos, siendo estos considerados como manaalliçupay. La cita alude falazmente a que, las almas de los que se convertían en los ancestros que iban al Uku Pacha (mundo interior) eran demonios. Esto se hizo para homologar forzosamente los conceptos andinos asociados a la muerte con el demonio y el infierno. Dicha equiparación de Supay con el demonio fue cuestionada por algunos, entre ellos, está el clérigo Bartolomé Álvarez. Esta persona cuestionaba la antedicha equiparación, pues reconocía que, al hacerlo, se estaría confirmando que el demonio solo podía tratarse del individuo muerto.
Otra interpretación es la descripción de Supay como una divinidad de alineamiento dual. El dualismo en los dioses incas es algo muy frecuente, puesto que los dioses pueden ser benevolentes o por su furia, causar desgracias.
Relacionado con el vínculo entre las almas y Supay, Guamán Poma de Ayala también destaca dicha relación en su obra Nueva corónica y buen gobierno. El cronista expone que:[5]
«Ídolos, Uacas del Inga de los demás de este reino, que fue en tiempo del Inga de cómo se siguió primero, de cómo Topa Inga Yupanqui hablaba con las uacas y piedras y demonios, y sabía por suerte de ellos lo pasado y lo venidero de ellos y de todo el mundo, y de cómo habían de venir los españoles a gobernar; y así por ello el Inga se llamó Uiracocha Inga. Pero lo demás de cosa de Dios no le enseñó a saber, aunque dicen que decían que había otro Señor muy grande más que ellos, eran diablos, y así decían Supay, que por tal conocían por Supay».Nueva corónica y buen gobierno, Capítulo 12, página 264
En esta cita, se destacan dos aspectos importantes: el primero remite al origen de la idolatría en los Andes, asociada con el gobernante inca. El segundo se refiere al término Supay, el cual es traducido nuevamente como diablo, para indicar que los incas ya tenían conocimiento del demonio. El Supay presentado por Guamán está relacionado con la autoridad del Inca y a su transformación una vez muerto en "demonio", que exigía de los nativos su veneración y ofrenda de sacrificios.
Como es axiomático, no todos los difuntos podían ser considerados como Supay o ancestros, ya que solo los que habían tenido cierto prestigio, es decir, aquellos que habían sido jefes políticos o personajes destacados cuya investidura les permitía, aún después de muertos, demandar el cumplimiento de los rituales que le correspondían.
Vale mencionar que, el Inca al fallecer pasaba a su estado de ancestro, en el cual era momificado en posición fetal y ofrendado como muestra de apoyo para que el alma atravesase el camino hacia la otra vida. El mallqui (momia o cuerpo de los antepasados) del gobernante y/o líder étnico era colocado en sepulcros denominados machays (cuevas). En diversas ceremonias y eventos especiales, la momia era expuesta al exterior de su recinto y era paseada por diversos sitios.
En la obra, también se alude a Supay de manera no explícita, es decir, usa el término diablo y/o demonio para reemplazarlo. Sin embargo, en una cita de su obra, él escribe lo siguiente:[6]
«Quando le paresen o se les entran en sus casas las culebras y cantar de lechuzas y muchuelos, murciélagos que los llaman tuco, chuchic, pacpac, pecpe, chicollom, cayaycuuan. Taparanco yaycuuan. Uro nina, ayacta ayzaycuuan. Ycjapas maycan uanoson. Atocmi "zupayta" ayzan uarmitam ychapas carita. [El búho, la lechuza, el paq paq, p'iqpi, chiqallu (especie de búhos) me han llamado. Una mariposa nocturna ha entrado dentro de mí. Los fuegos fatuos me han arrastrado el cadáver. ¿Quizá cuándo vamos a morir? Por cierto, el zorro ha arrastrado al demonio, a una mujer o quizás a un hombre.]»Nueva corónica y buen gobierno, Capítulo 12, página 284
Esta cita se complementa con la ilustración que hay en la sección Abuciones y agüeros de su obra, puesto que la ilustración exhibe a lo que parece ser un hechicero inca rodeado de diversos animales, entre los cuales aparece un zorro en primer plano. En el dibujo, el zorro arrastra en su hocico algo que parece ser un pequeño reptil o un insecto de gran tamaño. Este acto alude a una superstición de aquella época, un agüero que era, a su vez, interpretado por el hechicero inca.
Después de la antedicha cita, el cronista menciona: "oyendo bramar a las zorras o algún animal". Esto se interpreta como ejemplo de un anuncio de muerte. En relación con lo anterior, algunas leyendas andinas asocian al zorro con daños y percances. Asimismo, el animal mantiene una relación de perpetua enemistad con el hombre. Sin embargo, la figura del zorro tiene un significado ambivalente. En el manuscrito de Huarochirí, el zorro conoce los secretos del héroe Tantañamca, pero se rehúsa a coadyuvar a la huaca Cuniraya Huiracocha y, por ende, es objeto de maldición que lo encizaña con los hombres. En zonas andinas, los campesinos asocian al zorro como el "perro del Mallku" (espíritu de la montaña que protege a la comunidad) y/o el "perro de los gentiles" que protege las casas de los antepasados finados y las chullpas (monumentos funerarios) en los que se encuentran enterrados.
La palabra Supay se puede apreciar por segunda vez en el capítulo de los ídolos como elemento principal de una maldición entre hechiceros:[6]
«Maldeciones que echaban entre ellos: Lo primero dizen: "Zupay apasunqui, maypi ysmoc tantay uarina puric, mana pacuspa causac ayamanpas chunca mita cutic runa, camacniquip micuscan, yntip llacsascan, pachap millpuscan". ["Que el diablo te lleve, donde se pudre mi pan, a vagar, como una warina, a vivir sin cesar como un hombre que se convierte en cadáver por diez veces, devorado por tu criador, derretido por el sol, tragado por la tierra."]»Nueva corónica y buen gobierno, Capítulo 12, página 284 y 285
Esta cita es, prácticamente, una continuación semántica entre el pensamiento del zorro que arrastra a Supay en el hocico y Supay como el demonio mismo que arrastra el alma de los hombres a una muerte que va más allá de la muerte.
Por su parte, el Inca Garcilaso de la Vega también ha mostrado su punto de vista acerca del Supay. En su obra Comentarios Reales, él intenta explicar la equivocación de los españoles al considerar al dios Pachacámac como un demonio. Acto seguido, él menciona que el quien debería llevar dicho título sería Supay. En sus palabras:[7]
«Hablando ambos de este mismo Pachacámac, aunque por no saber la propia significación del vocablo se lo atribuyeron al demonio. El cual, en decir que el Dios de los cristianos y el Pachacámac era todo uno, dijo verdad, porque la intención de aquellos indios fue dar este nombre al sumo Dios, que da vida y ser al universo, como lo significa el mismo nombre. Y en decir que él era el Pachacámac mintió, porque la intención de los indios nunca fue dar este nombre al demonio, que no le llamaron sino Zupay, que quiere decir diablo, y para nombrarle, escupían primero en señal de maldición y abominación, y al Pachacámac nombraban con la adoración y demostraciones que hemos dicho. Empero, como este enemigo tenía tanto poder entre aquellos infieles, haciase Dios, entrándose en todo aquello que los indios veneraban y acataban por cosa sagrada. Hablaba en sus oráculos y templos y en los rincones de sus casas y otras partes, diciéndoles que era el Pachacámac y que era todas las demás cosas a que los indios atribuían deidad, y por este engaño adoraban aquellas cosas en que el demonio les hablaba, pensando que era la deidad que ellos imaginaban, que si entendieran que era el demonio las quemaran entonces como ahora lo hacen por la misericordia del Señor, que quiso comunicarlas».Comentarios Reales de los Incas, Libro Segundo, Capítulo II
En esta cita, se alude a Pachacámac como Dios, mientras que Supay es relegado como el demonio cristiano. También se le atribuyen caracteres malignos a Supay, como el hecho de entrar y poseer los objetos de veneración y culto de los nativos con el fin de engañarlos. En este punto, parece que Garcilaso hace hincapié a las huacas (sacralidades) que como bien se sabe, eran un conjunto de elementos sagrados para el pueblo inca. Dentro de estas huacas, se encontraban los ídolos y representaciones de diversos dioses, los cuales eran sumamente venerados. Para comprobar su veracidad, las huacas debían entrar en comunicación con los gobernantes incas para manifestar su poder y, por ende, ser objetos de veneración y respeto. En caso de que la huaca no hablase, se trataba de una huaca falsa y que no debía recibir prestigios como tal. En relación de estos elementos con Supay, Garcilaso alude a la posesión de estos elementos por parte del Supay para engañar y desorientar a la población. Múltiples cronistas han asociado las huacas con actos idólatras y, por ende, del diablo. El Inca Garcilaso no es la excepción en este aspecto.
Continuando con Garcilaso, en otra cita de su antedicha obra, él hace una equiparación del Uku Pacha con el infierno y/o inframundo. A continuación, la cita respectiva:[7]
«Creían que había otra vida después de esta, con pena para los malos y descanso para los buenos. Dividían el universo en tres mundos: llaman al cielo Hanan Pacha, que quiere decir mundo alto, donde decían que iban los buenos a ser premiados de sus virtudes; llamaban Hurin Pacha a este mundo de la generación y corrupción, que quiere decir mundo bajo; llamaban Ucu Pacha al centro de la tierra, que quiere decir mundo inferior de allá abajo, donde decían que iban a parar los malos, y para declararlo más le daban otro nombre, que es Zupaipa Huacin, que quiere decir Casa del Demonio».Comentarios Reales de los Incas, Libro Segundo, Capítulo VII
En la cita de Garcilaso, él expone que, para los nativos, el mundo se dividía en tres planos universales. También vale precisar que, la equiparación entre estos elementos y la trilogía del cristianismo (Padre, Hijo y Espíritu Santo) resulta palpable. Y más al notar la comparación entre el Uku Pacha y su gobernante, es decir, Supay con el infierno y el demonio respectivamente. De hecho, sería el Inca Garcilaso quien haría que el Uku Pacha cobre un sentido semejante a lo que muchos conocen como el "inframundo".
Otro punto a destacar, es la manera en cómo Garcilaso describe a lo que podría ser el Kay Pacha (este mundo), pues él le llama Hurin Pacha, el cual es tomado comúnmente como un sinónimo del Uku Pacha. Sin embargo, esto presentaría una mayor complejidad que algunos estudiosos sostienen.
Inframundo
[editar | editar código]Las poblaciones del antiguo Perú tenían la percepción de una «segunda vida» tras la muerte que transcurría en el Hurin Pacha. Dentro del perfil de segmentación del universo andino, el Hurin Pacha forma parte esencial de la estructura cósmica del universo andino, el plano interior de la tierra, el que se situaba por debajo del Kay Pacha. Casi todas las informaciones, tanto de época colonial como actual, además, lo relacionan con Supay, el demonio y la oscuridad.
A través de las informaciones de la época colonial existe la posibilidad de comprender el Hurin Pacha compuesto, no sólo de un bloque inframundano, sino de dos. La percepción mono-nuclear, es debida, entre otras muchas cosas, a que el Hurin pacha se identificó con el Infierno católico. Se ha pensado que la asimilación, aparte de ser realizada por los párrocos de indios para una mejor compresión de la doctrina católica, fue estudiada así porque en el Hurin Pacha se ubica el caos, el desorden, frente a las fuerzas del orden y la luz. El Hurin pacha no fue concebido como un habitáculo en el cual se albergaban las formas maléficas, sino las de la fertilidad, la riqueza y la muerte, o una parte del todo. En algún caso, debido a la potencialidad del inframundo, estas potencias podían dañar.[8]
Según diversas fuentes, existió una percepción bipartita del Hurin Pacha (inframundo andino). Por un lado, se situaba un plano intra-terreno, lugar donde se ubica la fertilidad, el Sol (como Punchao), la Luna y los animales de la noche. Este plano, a su vez, se encontraba atravesado por un mar. Es llamado en las crónicas Hurin Pacha.[9] La primera sección de la que se puede hablar del territorio inframundano se entendía como un lugar de prosperidad; gracias a los trabajos de José María Arguedas sabemos que en él se sitúa un árbol con “golosinas” para los niños difuntos. Teniendo en cuenta estos datos posiblemente los niños podrían haber realizado, en cierta medida, un “viaje” por el cual sólo accedían a la zona dónde se ubicaba el árbol, para después acceder al cielo.[10] Por otro lado, se hallaría el plano de la eterna oscuridad, donde se ubica el máximo exponente de la noche, la forma antagónica de la potencia celeste y la potencia germinativa: el Uku Pacha.[11]
Ambos vocablos, al parecer, fueron confundidos en las crónicas y, posiblemente, eran dos vocablos que aludían partes de un mundo intra-terrenal, pero los datos son confusos.
Asimismo, podría haber existido muchas otras denominaciones y elementos que se han extraviado con el pasar del tiempo y las campañas de evangelización. Un ejemplo de esto, es el cuarto mundo denominado Hawa Pacha (mundo de afuera). Dicho mundo habría sido erradicado por los españoles en su afán de homologar la concepción cosmológica de los mundos andinos con la ya mencionada trilogía cristiana.[12] [13]
El viaje por el inframundo
[editar | editar código]En los textos se advierte que el hurin pacha era oscuro, húmedo, pero, además, éste fue una extensión del plano terrestre, con el cual estaba íntimamente relacionado.
Con estas denominaciones podemos advertir que el interior de la tierra se vinculaba, en cierta manera, al interior de un cuerpo. Es decir, normalmente la segmentación del universo, de cualquier forma-ser-objeto que lo puebla, se vincula con la segmentación de un cuerpo con vida: con su boca, sus extremidades, etc. Al igual, el interior de la tierra fue percibido como una región dividida. Por un lado, se comprendía una región cercana, intrauterina, hacia la que se pude acceder desde una cueva, grieta o punto de conexión del kay pacha. Lugar éste de tránsito de los difuntos. Y una región más alejada, abismal, en la cual gobernaba la oscuridad y la esterilidad.
Para acceder al reposo eterno, se debía cruzar un gran cuerpo de agua, un mar, lago o río, dato que coincide en casi todas las informaciones de la colonia. El lago que cruza el difunto, posiblemente, hace referencia al agua primigenia de la cual surgió el Ordenador, y por la cual desapareció. De esta manera, el difunto realizaba el mismo viaje hacia el líquido amniótico de la placenta del universo.
Asimismo, se entendía que el difunto volvía a pasar a las aguas primordiales, retornar a las aguas de las cuales nació, pues, “…las aguas amnióticas que contienen el feto son aguas cósmicas, místicas, oceánicas...”[14]
De esta manera se podría entender que el mítico océano primigenio está en el interior de la tierra, encima del inframundo. Sobre el tema Pedro Cieza de León anotó lo siguiente:[15]
“...Y cuentan estos indios que tuvieron en los tiempos pasados por cosa cierta que las ánimas que salían de los cuerpos iban a un gran lago, donde su vana creencia les hacía entender haber sido su principio, y que allí entraban en los cuerpos de los que nacían…”Crónica del Perú, Capítulo XCVII, página 307
Existían varias formas de cruzar, por ejemplo, unos cronistas anotaron que se cruzaba por un puente, un puente de cabellos muy estrecho. El cronista Pablo José de Arriaga escribió que en la sierra las almas de los muertos se dirigían hacia una tierra llamada Ypamarca:[16]
“dizen y que antes de llegar, a un grande río, que an de pasar por una puente de cabellos, muy estrecha, otros dizen que los an de pasar vnos perros negros, y en algunas partes los criavan, y tenían de propósito con esta supersticiosa aprehensión, y se mataron todos. Otros tiene por tradición que las almas de los defuntos van donde están sus Huacas. Los del pueblo de Huacho y los otros de la costa, dizen, que van a la Isla del Huano y que los llevan los lobos marinos, que ellos llaman tumi”.La extirpación de la idolatría en el Perú, Capítulo VII, página 41
Otros cronistas entendieron que las almas pasaban ayudadas por un caimán, otros por una araña, en las informaciones recogidas en la costa hablan de que las almas eran ayudadas por lobos marinos que las trasladaban a una isla cercana, la isla del Huano. Pero, sin lugar a dudas, el animal que mayor adoración ofreció, por su ayuda al difunto, fue el perro.[17]
Destinos del difunto
[editar | editar código]En los diccionarios de Jesús Lara, Fray Diego González de Holguín, Lira y Anónimo, el vocablo supa se traduce como sombra, enfermedad, muerte, poseído o loco; entre otras muchas cosas. G. Taylor entiende que Zamay, Supay o Shapi se ha interpretado erróneamente, desde la colonia, pues no significa demonio. Los datos apuntan hacia una argumentación diferente a la establecida hasta el momento. El vocablo correspondería a la definición de sombra. La información que se ha deducido, con esta nueva interpretación, es muy valiosa, pues se entiende que el inframundo era el mundo de la oscuridad, de las sombras. Estos datos concuerdan con la hipótesis que estamos planteando, en la cual se entendía que uno de los componentes anímicos que componían el ser humano era la sombra, sin la cual el hombre moría, o mejor dicho, se marchaba al mundo de las sombras. También es una definición que se acomoda al texto de Pablo José de Arriaga, el cual escribió que Zamay se podía interpretar como el sepulcro de descanso, y zamarcan se interpretaba por morir. Pero, sobre todo, con la definición de Zamayhuaci, “casa de descanso”, lugar donde P. Arriaga sitúa el reposo eterno de las almas. Esta “casa”, a través de los escritos de P. Arriaga, se ubicaba en la tierra de Ypamarca, Upaimarca o Huarochaca, de la cual escribió que era: “….que podemos explicar a la tierra muda o de los mudos...”. G. Taylor entiende que Upaimarca deriva de Supaymarca, por lo tanto, no es correcto interpretar esta palabra como el país del silencio, sino como el país de Supay, el país de las almas de los difuntos, las sombras.[18]
Los datos expresan que los difuntos de la región del Lago Titicaca se dirigían hacia Upaimarca, y a Yaromarca lugar de origen del Sol y de Liviac. Upaimarca, apunta G. Taylor, corresponde al “quechua I” de la Sierra Central, que es lo mismo que el Zamayhuaci, “casa de descanso”, donde P. Arriaga sitúa el reposo eterno de las almas. José M. Arguedas indicó, se opinaba que los muertos iban hacia las cimas de las montañas, a la cima de Qoropuna.[17]
En los escritos de Huamán Poma de Ayala aparece que a los cinco días de muerto el difunto, las almas de éstos en la región de Chinchaysuyu y Andesuyu se dirigían hacia Caray Pampa, mientras que las almas de los Collasuyu y Condesuyu se dirigían hacia Caro Puna y Puquina pampa.[19]
Existen multitud de alusiones sobre las diferentes representaciones que se establecían tras la muerte. Fernando Avendaño, por ejemplo, escribió lo siguiente: [20]
“… las Hircas o cumbres altas cerros no son dios...los hechiceros enseñaban a los indios, que en llegando a estas Hircas, les dijesen: tu Hirca defendedme de la Quinta, que son las almas de los indios, que antiguamente mataron en las guerras; porque decían los hechiceros, que estas almas andan por allí, y también enseñaban que les dijesen: los que me quieren matar no pasen de aquí, y en señal de adoración ofrecían a la Hirca una soga de ichu torcida con la mano izquierda”.Sermones de los misterios de nuestra santa fe católica, en lengua castellana, y la general del Inca, Sermón V, página 56
El difunto ostentaba el destino que le era concedido según sus actos, se concibe de esta manera, una relación sumamente compleja entre la vida y la muerte. Si el difunto había sido un guerrero, se entendía que su alma habitaba las cimas de las montañas.[21]
Se ha comprendido que existe una división en cuanto al destino del difunto. La división primera se basa en las obras y actos que el individuo había realizado en su vida. Si éste había sido un individuo colaborador con el bienestar de su familia y de su comunidad obtendría una mejor travesía en el inframundo. Por el contrario, si esta persona había desarrollado un mal comportamiento, de actos malos y egoístas, su destino se presentaría nefasto.[22][22]
“Algunos creían que, salida el alma del cuerpo, si había vivido bien, se hacía estrella, y que de allí procedían todas las del cielo, y que allí gozaban de gloria. Y si la vida había sido mala, Iba a cierto lugar donde tenía pena perpetua; la cual donde y como se la daban también discrepaban, y cada uno fingia lo que quería: porque no tenían en esto cosa fija ni asentada ni obligatoria, sino que, como gente sin lumbre, andaban vacilando e inventando cada día cosas nuevas, conforme a la flaqueza humana. Otros tenían que las ánimas que salían de los cuerpos de unas partes, venían a nacer en otras, y que cuando del todo saliesen de esta vida (que fin afirmaban que ha de tener el mundo) recibirían gloria o pena, según sus méritos. Otras naciones pensaban que las ánimas de los difuntos se quedaban en este mundo, y que unas veces tenían gozo, y otras eran afligidas, y andaban vagas y solitarias, padeciendo hambre, sed, frío, calor y cansancio; y que ellas o sus fantasmas solían visitar a sus parientes y a otras personas, en señal que habían de morir o les había de venir algún mal: y por esta razón de creer que las ánimas tenían hambre, sed y otros trabajos, ofrecían en las sepulturas comidas, bebidas, ropa y otras cosas, para que aprovechasen a los difuntos; y por esto tenían tan especial cuidado de hacer sus aniversarios.”Historias del Nuevo Mundo: obras del padre Bernabé Cobo, Volumen II, Capítulo III, página 154
Rey Díaz de Guzmán observó que, entre algunas poblaciones, los calchaquí, del valle Trujillo, o entre las creencias de los chiquitos, se pensaba que los difuntos, la información no matiza si todos o determinados difuntos, se trasformaban en astros. Respecto a estos últimos indicó que:[23][24]
“…Y cuando tronaba, o caían rayos, suponían que algún difunto, que vivía en las estrellas, estaba enojado con ellos...”Historia argentina del descubrimiento, población y conquista de las Provincias del Río de la Plata
El cronista Bernabé Cobo en su crónica Historia del Nuevo Mundo (1653), describe las creencias de los indígenas andinos sobre el destino de las almas después de la muerte. El menciona lo siguiente:[25]
“Asimismo estaban persuadidos a que hay infierno para los malos, y que allí los atormentaban los demonios, a quienes pintaban muy feos y espantables. El lugar del infierno decían estar debajo de tierra, y que es muy estrecho y apretado; y que los que allá van padecen mucha hambre y sed; y que les hacen [a los que están en el infierno] comer carbones, culebras, sapos y otras sabandijas asquerosas, y beber agua turbia y hedionda; y que de solo esto se mantienen las animas de los condenados, cuya pena dicen ser perpetua”.Historias del Nuevo Mundo: obras del padre Bernabé Cobo, Volumen II, Capítulo III, página 154
Según el texto anterior, Bernabe Cobo estaría describiendo el Uku Pacha (mundo de la eterna oscuridad) y no al Hurin Pacha (inframundo inca) como tal. Los cronistas españoles (incluido Cobo) no dintinguian claramente y confundían estos dos términos, y a menudo los usaban de forma intercambiable o los traducían simplemente como “infierno”. Sin embargo, según investigaciones modernas, análisis etnolinguisticos y antropológicos de la cosmovisión andina, vinculan esta descripción al Uku Pacha (la parte más profunda y oscura del inframundo) como el lugar de los castigos nefastos, mientras que el Hurin Pacha abarca un plano subterráneo más amplio que incluye aspectos positivos de fertilidad, transición, ancestros y regeneración.
Los datos nos han demostrado que el interior de la tierra fue percibido como una región con diferentes zonas; no sabemos si dividida en planos, o si, en una sólo zona se hallaban los pasajes subterráneos, los ríos, los mares, etc.
Por un lado, se comprendía que el inframundo poseía una franja que era la que formaba el cielo del inframundo andino. Estaba formada por los lagos y los cuerpos de agua, era una región cercana, hacia la que se puede acceder desde una cueva, grieta o punto de conexión del kay pacha. Esta región-zona era un lugar de tránsito de los difuntos. Otra franja la componía el espacio hallado entre el cielo inframundano y el espacio por el cual peregrinaban los difuntos. Es decir, además del cielo inframundano, se hallaba un lugar por el cual transitaban los astros en su recorrido inframundano. Otra región era la que poseía caminos, pasadizos, puentes, y demás peligros; era el espacio que recorrían las almas de los difuntos. Y una región más alejada, abismal, en la cual gobernaba la oscuridad y la esterilidad.[17]
Upaymarka
[editar | editar código]En la cosmovisión andina, Upaymarka (“pueblo de las sombras”) es el mundo de los muertos, un inframundo donde las sombras de los difuntos inician un viaje tras la muerte. Este lugar no es de olvido total, sino más bien un espacio de transición y reciprocidad continua con los vivos.
El Upaymarka es una visión ancestral que convierte la muerte en un continuum activo, un reconocimiento profundo de que los difuntos tienen una vida en lo invisible, tiene organización, habitan otro pueblo, y retornan en momentos sagrados para apoyar y reunirse con los vivos. No es un silencio eterno, sino una forma distinta de existencia, plena de significado y conexión.
"Es un arduo viaje - refiere el doctor Rodolfo Sánchez- requiere la participación de un psicopompo (ser que conduce las almas a ultratumba) que lleve a las almas a los límites del pueblo al que pertenecieron. Las sombras hacen un viaje por muchos pueblos hasta llegar a la entrada del inframundo, que para muchos se encuentra en el cráter del volcán Qhoropuna [provincia de Castilla, departamento de Arequipa], para otros, en las Islas Guaneras. Un río caudaloso suele interponerse en el viaje de las sombras. Existe un punto en que se puede pasar con la ayuda de un perro negro que es el alqochimpa. El animal que ha sido bien tratado reconoce a la sombra y la ayuda, de lo contrario deja que esta se quede vagando y causando zozobra a sus deudos.[26]
Al morir las personas, tenía que pasar sobre un puente hecho de cabellos humanos que cuelga sobre un gran río de sangre hirviente para llegar al Upaymarka, pero el camino estaba lleno de peligros, ya que en ese lugar habitan criaturas muy peligrosas que querrán atacar a las almas de los difuntos para devorarlas, lo que hace el perro (llamado también Tawi Ñawi) es defender a su dueño de estas criaturas para que pueda pasar con tranquilidad hasta llegar al puente que conecta el Upaymarka.
El alma llega al pueblo de los perros (allqu llaqta), donde se considera que viven los espíritus de los perros, un tiempo después de abandonar el cuerpo. En algunos casos, pero sobre todo si el difunto ha tratado mal a los perros en vida, estos pueden recibir al alma con violencia y tratar de atacarla. Si el alma viene acompañada del perro que le fue sacrificado en el funeral, tratará de protegerla y le ayudará a cruzar al otro lado del río, la laguna o el mar que se encuentra junto al pueblo.
En cambio, si el alma llega sola al pueblo de los perros, debe conseguir ahí la ayuda de uno de los perros, lo cual puede suponerle cierta dificultad. Una vez encontrado un perro negro dispuesto a prestar su ayuda, este tiene que cargar el alma o bien a espaldas, o bien en la nariz o la oreja, a través del agua. La preferencia por los perros de color negro aparece mencionada en muchos de los relatos, porque son estos los que suelen estar dispuestos a llevar al alma al otro lado del río (Map’a mayo), mientras que los blancos se niegan a hacerlo por miedo a ensuciar su pelaje.[17]
Mitología
[editar | editar código]Mito del lago Titicaca
[editar | editar código]Cuenta el mito que el lago Titicaca era un valle fértil y poblado de personas que vivían felices en paz y armonía. Nada les faltaba, la tierra era rica y les procuraba todo lo que necesitaban. Sobre esta tierra no se conocía ni la muerte, ni el odio, ni la ambición. Los Apus, los dioses de las montañas, protegían a estos seres humanos. No les prohibieron más que una sola condición: que nadie debía subir a la cima de las montañas donde ardía el Fuego Sagrado.[27]
Durante largo tiempo, estas personas que habitaban el valle no pensaron en infringir esta orden de los dioses. Pero el Supay, espíritu maligno condenado a vivir en la oscuridad, no soportaba ver a estas personas vivir tan tranquilamente en el valle. Él se las ingenió para dividir a los hombres sembrando la discordia. Utilizando artimañas logró conseguir que las personas desobedecieran a sus dioses y siguieran el camino de la curiosidad, para encontrar el Fuego Sagrado a la cima de las montañas.[27]
Entonces un buen día, al alba, estas personas desobedecieron y comenzaron a escalar la cima de las montañas, aunque a medio camino fueron sorprendidos por los Apus.
Éstos comprendieron que los hombres habían desobedecido y decidieron exterminarlos. Miles de pumas aparecieron, a la orden de los Apus, para devorar a los que intentaron ir por el fuego sagrado. Huyendo despavoridos suplicaban al Supay por ayuda, pero este permanecía insensible a sus súplicas. Todos murieron por su osadía.[28]
Viendo eso, Inti, el dios del Sol, se puso a llorar. Sus lágrimas eran tan abundantes, hasta formar un diluvio y que en cuarenta días inundaron el valle.
Solo un hombre y una mujer llegaron a salvarse sobre una barca de junco. Cuando el sol brilló de nuevo, el hombre y la mujer no creían ver ante sus ojos, bajo el cielo azul y puro, estaban en medio de un lago inmenso. En medio de esas aguas flotaban y los pumas que estaban ahogados y transformados en estatuas de piedra.[29]
De esto sale el nombre del lago Titicaca, aunque el nombre correcto sería ''Titekjarka'', que proviene de Tite (puma) y de Kjarka (roca), y que traducido a la lengua castellana es: El lago de los pumas de piedra; los españoles al llegar al lago, no pudieron pronunciar correctamente su nombre y le llamaron Titicaca.[30]
El Tawa Ñawi y la travesía hacia el inframundo
[editar | editar código]Durante el Imperio Incaico, existía una tradición conocida como Rutuy Chicuy (primer corte de pelo).
En primer lugar, en el primer corte, los padrinos guardaban los cabellos en un sitio especial, pues creían que cuando falleciese el ahijado, los cabellos servirían para que se formara un puente hecho de cabellos con el propósito de que el espíritu, una vez ingresase al Hurin Pacha, pudiese cruzar un río llamado Yawar Mayu (río de sangre) y de esta manera, llegar al Upay Marca (tierra o pueblo de las sombras) que es donde moraban los espíritus. El alma del finado, a su vez, se encuentra bajo la guía de un animal (pueden ser diversos, pero por lo general es un perro negro) para que el alma pueda lograr su cometido.[31]
Esta creencia tiene diversas interpretaciones y testimonios que aluden en torno a esta. Asimismo, el perro guiador de dichas almas es conocido como Tawa Ñawi (cuatro ojos) debido a sus cejas, las cuales son percibidas como si dos ojos adicionales se tratasen.[32]
En la actualidad, en determinadas zonas andinas, la antedicha creencia aún prevalece.
Kawsay y Supay
[editar | editar código]En el mundo andino, el futuro no es algo que viene y el pasado no es algo que se acumula detrás. En este sentido, es el runa (ser humano) el que viene del futuro y va hacia el pasado en donde se tiene la idea de que el caos que está en reposo volverá a resurgir, y el desorden presente inevitablemente se precipitará, dando como resultado, un nuevo pachakutik (ciclo andino) que restablecerá el equilibrio cósmico. A raíz de esto, la concepción andina del tiempo cíclico revive a la historia como infinitas inversiones de dominio, entre el kawsay (vida) y supay (muerte). Se tiene conocimiento de cinco ciclos andinos, cada uno de 500 años de duración. El quinto pachakutik (2000-2500) representa la esperanza de la liberación y la reposición del orden pasado cósmico.
Otro de los principios claves de la filosofía andina es el yanantin (dualidad complementaria). Según este principio, la vida se expande en forma continua e infinita por la existencia y participación de dos fuerzas, las cuales no intentan anular o eliminar una a otra, sino que incentivan e impulsan su oposición, es decir, su diferencia. Es justamente esa oposición la que se encarga de dinamizar la vida. Positivo y negativo son necesarios, no se basa simplemente de erradicar el mal, sino de mantener el equilibrio. El orden cósmico es dependiente de la existencia de la oposición, puesto que el equilibrio para los pueblos andinos se da siempre en el tinkuy (encuentro) entre dos polaridades proporcionales y, por ende, complementarias. La permanente exposición al juego de la diferencia, es decir, la mediación de las contradicciones de los opuestos complementarios, integra la condición productiva y deseable de la vida. Es menester puntualizar que el runa, aquel guiado por la razón y la emotividad, no puede ser, sino es construido por su otro. Esto significa que, el runa no solo es un ser sentipensante en cuanto a sí mismo, sino que también lo es en relación a su yanantin, a su ayllu (familia), a su ayllullakta (comunidad), pues es ahí el lugar donde se forja el imbricado social que lo vincula a la red cósmica andina.
Asimismo, las evidencias del concepto del yanantin quedan expuesta a través de múltiples construcciones arquitectónicas (plazoletas hundidas, recintos circulares y cuadrados, templos semi-subterráneos) y símbolos como la chakana (escalera). Además, existen numerosas dualidades complementarias presentes en la vida cotidiana, tales como: masculino-femenino, sol-luna, día-noche, tayta-mama, arriba-abajo, luz-oscuridad, kawsay-supay, hanan-hurin, etc.[33]
Fusión con el catolicismo
[editar | editar código]Tras la conquista de América, los sacerdotes católicos utilizaron su figura para denominar al Diablo cristiano. Como consecuencia de ello, el Supay o diablo indígena se configuró como un sincretismo, con elementos tomados tanto de las religiones indoamericanas como del catolicismo.
El Supay es una figura ambivalente, definida por el sincretismo, que ha sido asimilada al Diablo de la cultura cristiana, pero que también es adorado como señor de las profundidades o Salamanca.[34] [35] A diferencia de lo que sucede con el Diablo cristiano, "el indígena no repudiaba al Supay, sino que temiéndole, lo invocaba y rendía culto para evitar que le hiciera daño".[36]
Durante la época colonial, el Supay se convirtió en uno de los personajes principales del culto a la Virgen de la Candelaria en el altiplano, de donde es exclusivamente y de la diablada. Se lo asocia con los indígenas que le rinden culto y le realizan ofrendas para ganar su simpatía y evitar que los dañe.
En la diablada, las personas bailan disfrazadas de diablos para pedir a la Virgen de la Candelaria perdón y comprensión por convivir con Supay, Tiw o tío de la mina en lo hondo de las minas y por los ritos y ofrendas que le dedican para encontrar las vetas del mineral y evitar los accidentes.[34]
La referencia más antigua al Supay de la que se tenga registro es del año 1560, y corresponde al Lexicón de Domingo de Santo Tomás, donde es definido como "ángel bueno o malo, demonio o trasgo de casa…".[37]
Véase también
[editar | editar código]Referencias
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Enlaces externos
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