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Imperialismo

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Archivo:Punch Rhodes Colossus.png
The Rhodes Colossus, caricatura sobre el ferrocarril de El Cairo a Ciudad del Cabo, símbolo del imperialismo británico durante el Reparto de África.[1]

El imperialismo es la política de un Estado dirigida a establecer y mantener su dominio sobre otros pueblos y territorios, ya sea mediante la anexión directa o mediante el control político, económico o cultural indirecto. Combina el poder duro —la fuerza militar y económica— con el poder blando, es decir, la influencia diplomática y cultural, y se orienta a establecer o conservar una hegemonía y un imperio de carácter más formal.[2]​ El concepto se relaciona con el colonialismo, pero no coincide con él: los estudiosos suelen reservar el colonialismo para el asentamiento y la administración directa de un territorio lejano, y el imperialismo para la política y las actitudes del centro que lo domina.

El término se acuñó en el siglo xix a partir del latín Error en la secuencia de órdenes: no existe el módulo «Lang». y se aplicó primero a la Francia de Napoleón III y después al Imperio británico. A comienzos del siglo xx, Hobson y Lenin lo redefinieron como una fase del capitalismo impulsada por la exportación de capital, y autores posteriores como Nkrumah, Frank y Edward Said ampliaron su alcance hasta abarcar el neocolonialismo, el intercambio desigual y la dominación cultural.

La llamada era del Imperialismo designa el período que precede a la Primera Guerra Mundial, con un final que suele situarse en 1914 y un inicio que los autores fijan entre 1760 y 1870. Durante esas décadas las potencias europeas, favorecidas por la industrialización y por su ventaja en armamento, transporte y comunicaciones, intensificaron la colonización y la anexión de otras regiones del mundo, y a finales del siglo xix se les sumaron los Estados Unidos y Japón. La expansión se justificó mediante discursos como el orientalismo, la cartografía imperial, el darwinismo social y el determinismo ambiental, que presentaban la dominación como una misión civilizadora.

Entre los ejemplos posteriores a 1400 figuran los imperios de ultramar de España, Portugal, los Países Bajos, Francia, Gran Bretaña, Dinamarca, Suecia, Alemania, Italia, Bélgica, Brasil, el Japón y los Estados Unidos, junto a los imperios continentales incaico, mogol, safávida y ruso. Tras la Segunda Guerra Mundial, los movimientos de descolonización y las corrientes antiimperialistas, entre ellas el panafricanismo, desmantelaron la mayor parte de esos imperios formales.

Definición y origen del término

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La palabra imperialismo procede del término latino Error en la secuencia de órdenes: no existe el módulo «Lang».,[3]​ que significa 'mandar', 'ser soberano' o 'gobernar'.[4]​ El término se acuñó en el siglo xix para describir los intentos de Napoleón III de ganar apoyo político mediante la invasión.[5][6]​ La palabra se aplicó al Imperio británico durante la década de 1870 y en la de 1880 ya había adquirido una connotación positiva en Occidente.[7]​ A finales del siglo xix el término servía para describir el comportamiento de los imperios de cualquier época y lugar.[6]Hannah Arendt y Joseph Schumpeter definieron el imperialismo como la expansión por la expansión misma.[8]

Hobson y, en 1917, Lenin intentaron redefinir el imperialismo como la «fase superior del capitalismo», porque las empresas exportaban capital para dominar en términos económicos y no territoriales.[9]​ En 1965 Nkrumah llamó al neocolonialismo «la última fase del imperialismo» y lo vinculó al comercio, a las bases militares, al dominio cultural y al Fondo Monetario Internacional.[10]​ En 1967 Frank afirmó que el propio intercambio desigual (esto es, la fijación de precios controlada por la potencia imperial) reproducía el imperio.[11]​ En 1978 el crítico literario palestino-estadounidense Edward Said empleó el término para describir una relación de dominación y subordinación entre un centro imperial y una periferia.[12]​ Said escribió que los gobiernos europeos usaron el imperialismo para reforzar su posición y debilitar los sistemas de autoridad indígenas. Añadió que el imperialismo abarca además las actitudes culturales que acompañan ese proyecto, entre ellas la idea de ejercer una influencia «civilizadora» o «mejoradora» sobre los pueblos de la periferia.[13]​ El sociólogo estadounidense Lewis Samuel Feuer distinguió dos subtipos de imperialismo. El «imperialismo regresivo» se identifica con la conquista pura, la explotación, la reducción de los pueblos no deseados y el asentamiento de colonos en sus territorios. El «imperialismo progresista» parte de una visión cosmopolita de la humanidad y promueve la expansión de la civilización hacia sociedades consideradas atrasadas, con el propósito declarado de elevar su nivel de vida y de asimilar a la población conquistada.[cita requerida] Marshall amplió el término hasta abarcar fenómenos como el desarrollo del espacio exterior. Su significado exacto sigue siendo objeto de debate académico, y los propios especialistas encuentran difícil distinguir de manera consistente entre imperialismo y colonialismo.[14][15]

Distinción entre imperialismo y colonialismo

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Archivo:Colonisation 1800.png
Las potencias imperiales en 1800.

El teórico poscolonial británico Robert J. C. Young escribió que el imperialismo aplica una política de Estado, mientras que el colonialismo puede responder a intenciones comerciales, aunque se apoye en la fuerza.[16]​ Said señaló que el colonialismo supone una separación geográfica entre la colonia y la potencia imperial. Los diferenció así: el imperialismo comprende «la práctica, la teoría y las actitudes de un centro metropolitano dominante que gobierna un territorio lejano», mientras que el colonialismo se refiere a «los asentamientos en un territorio lejano».[17]​ Los imperios terrestres contiguos, como el ruso, el chino o el otomano, han recibido tradicionalmente el calificativo de imperialistas, aunque también enviaron población a sus territorios remotos.[17]Plantilla:Rp

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Máxima expansión colonial de las potencias imperiales europeas hacia 1936, durante el período de entreguerras.
Archivo:WorldEmpires.png
Los imperios coloniales en 1900.
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Los imperios coloniales en 1945, en vísperas de la descolonización.

Tanto el imperialismo como el colonialismo implican una ventaja política y económica sobre un territorio y su población. Los estudiosos, sin embargo, encuentran a veces difícil precisar la diferencia entre ambos.[18]Plantilla:Rp Según los geógrafos británicos Joe Painter y Alex Jeffrey, el colonialismo designa el control de facto de un país sobre otro territorio —en muchos casos, las colonias no habían tenido antes existencia como nación reconocida—, mientras que el imperialismo designa en la actualidad un dominio político y económico menos explícito.[18]Plantilla:Rp El colonialismo procura desarrollar los recursos para que el colonizador los extraiga,[18]Plantilla:Rp aunque no siempre lo consigue, como ocurrió en Santo Domingo después de 1520.[19]​ Las colonias adoptan a menudo aspectos de la cultura de sus colonizadores.[18]Plantilla:Rp

Era del Imperialismo

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El imperialismo ha estado presente y ha ocupado un lugar central desde el comienzo de la historia,[20][21][22][23][24]​ y su fase más intensa se dio en la era axial (el período de mediados del primer milenio a. C. en que surgieron de forma paralela grandes tradiciones religiosas y filosóficas en Eurasia).[25]​ El concepto de era del Imperialismo, en cambio, designa el período anterior a la Primera Guerra Mundial. El final de ese período suele fijarse en 1914, mientras que su inicio varía entre 1760 y 1870 según los autores.[26][27]​ Esta última fecha hace coincidir la era del Imperialismo con el nuevo imperialismo. Los historiadores Daniel Hedinger y Nadin Heé sostienen que el uso extendido de la expresión «era del Imperio» para ese período concreto refleja un sesgo eurocéntrico en materia temporal.[28]

Durante esa era, las naciones europeas, favorecidas por la industrialización, intensificaron la colonización, la influencia y la anexión de otras partes del mundo.[29]​ A finales del siglo xix se les sumaron los Estados Unidos y Japón. Otros episodios de ese siglo fueron el Reparto de África y el Gran Juego.[30]

Archivo:Africa map 1914.svg
África, dividida en colonias entre varios imperios europeos, Plantilla:Circa. color #ffcc00 Bélgica color #ba8ed9 Francia color #0000ff Alemania color #99ff55 Italia color #008000 Portugal color #ffe502 España color #ffb5b7 Reino Unido

En la década de 1970, los historiadores británicos John Gallagher (1919-1980) y Ronald Robinson (1920-1999) sostuvieron que los dirigentes europeos rechazaban la idea de que el imperialismo exigiera un control formal y jurídico de un gobierno sobre una región colonial. Para ellos importaba mucho más el control informal de zonas independientes.[31]​ Según el historiador estadounidense Wm. Roger Louis, esos autores consideraban que a los historiadores los había hipnotizado el imperio formal y los mapas del mundo con regiones coloreadas de rojo. El grueso de la emigración, el comercio y el capital británicos se dirigió a zonas ajenas al imperio formal, y la clave de su planteamiento era la idea de un imperio «informal si es posible y formal si es necesario».[32]​ El historiador estadounidense Oron J. Hale afirma que Gallagher y Robinson examinaron la presencia británica en África y allí «encontraron pocos capitalistas, menos capital y no mucha presión de los supuestos promotores tradicionales de la expansión colonial». Las decisiones del gabinete de anexionar o no un territorio respondían por lo general a consideraciones políticas o geopolíticas.[33]Plantilla:Rp

Ese planteamiento se conoce como imperialismo librecambista. La expresión designó primero a un movimiento político inglés del siglo xix que anteponía la dominación comercial a la colonización formal y a la expansión territorial, y pasó después a nombrar el uso del poder militar y diplomático para obligar a los países más débiles a abrir sus mercados. El resultado fue un control económico informal que no llegaba a la colonización abierta, pero que recortaba de forma considerable la soberanía de esos países.[34]​ Sus primeros partidarios, conocidos como Little Englanders, rechazaban los argumentos imperialistas basados en supuestas ventajas estratégicas o culturales, y figuras como Richard Cobden insistieron en el beneficio económico nacional.[34]​ La política se asoció sobre todo a Gran Bretaña, en particular en América Latina y en Asia.[34]

Los principales imperios entre 1875 y 1914 arrojaron un balance desigual en términos de rentabilidad. Al principio, los planificadores esperaban que las colonias ofrecieran un excelente mercado cautivo para los productos manufacturados. Salvo en el subcontinente indio, esa previsión rara vez se cumplió. Hacia la década de 1890, los imperialistas situaban el beneficio económico sobre todo en la producción de materias primas baratas que alimentaran la industria metropolitana. En conjunto, Gran Bretaña obtuvo beneficios de la India, en especial de la Bengala mogol, pero no de la mayor parte del resto de su imperio. Según la economista india Utsa Patnaik, la transferencia de riqueza que salió de la India entre 1765 y 1938 ascendió a unos 45 billones de dólares.[35]​ Los Países Bajos extrajeron riqueza de las Indias Orientales. Alemania e Italia obtuvieron poco comercio y pocas materias primas de sus imperios. Francia salió algo mejor parada. El Congo Belga resultó muy rentable mientras funcionó como plantación capitalista de caucho, propiedad del rey Leopoldo II y explotada por él como empresa privada. Sin embargo, los escándalos sucesivos por las atrocidades en el Estado Libre del Congo llevaron a la comunidad internacional a forzar al gobierno belga a hacerse cargo del territorio en 1908, y desde entonces resultó mucho menos rentable. Filipinas costó a los Estados Unidos mucho más de lo previsto por las operaciones militares contra los rebeldes.[33]Plantilla:Rp

Gracias a los recursos que el imperialismo puso a disposición de las metrópolis, la economía mundial creció de forma notable y se volvió mucho más interconectada en las décadas anteriores a la Primera Guerra Mundial, lo que enriqueció a muchas potencias imperiales.[36]

La expansión europea hacia el imperialismo territorial se centró en buena medida en el crecimiento económico mediante la recolección de recursos de las colonias, unida a la toma del control político por medios militares y políticos. La colonización de la India a mediados del siglo xviii ilustra ese enfoque: allí los británicos «explotaron la debilidad política del Estado mogol y, aunque la actividad militar fue importante en distintos momentos, la incorporación económica y administrativa de las élites locales también resultó decisiva» para establecer el control sobre los recursos, los mercados y la mano de obra del subcontinente.[37]​ Aunque en los siglos xvii y xviii se diseñaron numerosas colonias para generar beneficio económico y enviar recursos a los puertos metropolitanos, el historiador británico David K. Fieldhouse sostiene que en los siglos xix y xx, en lugares como África y Asia, esa idea no resulta necesariamente válida:[38]

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Los imperios modernos no fueron máquinas económicas construidas de forma artificial. La segunda expansión de Europa constituyó un proceso histórico complejo en el que las fuerzas políticas, sociales y emocionales de Europa y de la periferia pesaron más que un imperialismo calculado. Cada colonia por separado podía cumplir un propósito económico; en conjunto, ningún imperio tuvo función definible alguna, económica o de otro tipo. Los imperios representaron solo una fase concreta de la relación siempre cambiante de Europa con el resto del mundo: las analogías con los sistemas industriales o con la inversión inmobiliaria resultaban sencillamente engañosas.[18]Plantilla:Rp

En esa época los comerciantes europeos podían «recorrer los mares y apropiarse de excedentes de todo el mundo (unas veces de forma pacífica, otras violenta) y concentrarlos en Europa».[39]

Archivo:British ships in Canton.jpg
Asalto británico a Cantón durante la Primera guerra del Opio, mayo de 1841.

La expansión europea se aceleró mucho en el siglo xix. Para obtener materias primas, Europa amplió sus importaciones desde otros países y desde las colonias. Los industriales europeos buscaban en ultramar tintes, algodón, aceites vegetales y minerales metálicos. Al mismo tiempo, la industrialización convertía a Europa con rapidez en el centro de la manufactura y del crecimiento económico, lo que aumentaba la necesidad de recursos.[40]

Las comunicaciones avanzaron mucho durante la expansión europea. Con la invención del ferrocarril y del telégrafo resultó más fácil comunicarse con otros países y extender el control administrativo de una metrópoli sobre sus colonias. El ferrocarril de vapor y la navegación oceánica a vapor permitieron transportar de forma rápida y barata cantidades enormes de mercancías desde las colonias y hacia ellas.[40]

Junto a las comunicaciones, Europa siguió avanzando en tecnología militar. Los químicos europeos fabricaron nuevos explosivos que volvieron mucho más letal la artillería. Hacia la década de 1880, la ametralladora se había convertido en un arma fiable en el campo de batalla. Esa tecnología dio a los ejércitos europeos una ventaja sobre sus adversarios, pues los ejércitos de los países menos desarrollados aún combatían con flechas, espadas y escudos de cuero, como los zulúes del sur de África durante la guerra anglo-zulú de 1879.[40]​ Algunos ejércitos consiguieron acercarse a los estándares de las expediciones europeas, como el etíope en la batalla de Adua y el Ejército Imperial Japonés, aunque ambos dependían en gran medida de armamento importado de Europa y, a menudo, de asesores militares europeos.

Archivo:Victor Gillam A Thing Well Begun Is Half Done 1899 Cornell CUL PJM 1136 01.jpg
Caricatura que refleja la postura de la revista Judge sobre las ambiciones imperiales de los Estados Unidos tras la rápida victoria de McKinley en la guerra hispano-estadounidense de 1898.[41]

Causas del imperialismo

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Causas económicas

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Tras la crisis financiera internacional de 1873, los Estados adoptaron un papel más activo en la gestión de sus asuntos económicos.[29]​ Las potencias buscaron entonces materias primas, mercados donde colocar su producción industrial y ventajas estratégicas, y esa búsqueda desencadenó la carrera por las colonias.[29]

Causas demográficas

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A partir de 1750 la población europea inició un nuevo ciclo de expansión y más que se duplicó, hasta acercarse a los 300 millones de habitantes en 1900.[42]​ Esa cifra subestima el crecimiento real, porque no contabiliza la emigración masiva: alrededor de 50 millones de europeos marcharon a ultramar entre 1840 y 1914.[42]​ Más de la mitad procedía de solo tres países: el 22 % de Gran Bretaña, el 19 % de Italia y el 13 % de Irlanda.[43]​ Los destinos se concentraron de forma parecida: el 61 % se dirigió a los Estados Unidos, y cerca de un 10 % a Canadá y otro tanto a Argentina.[43]

En los territorios de asentamiento, la disponibilidad de tierra actuó a su vez sobre el crecimiento de la población. El economista estadounidense Richard Easterlin sostuvo que la abundancia de tierra permitía a las nuevas generaciones adquirirla con facilidad, lo que reducía los incentivos de los padres para limitar el tamaño de la familia por consideraciones de herencia.[44]​ La fecundidad resultaba en general más alta en las regiones de asentamiento reciente que en las antiguas, incluso al comparar únicamente zonas rurales; donde la tierra empezaba a escasear, los agricultores reducían el número de hijos.[44]

Causas geoestratégicas

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La apertura del canal de Suez en 1869 empujó a las naciones europeas a extender su poder económico y político en ultramar, sobre todo en África, en el período que recibió el nombre de nuevo imperialismo.[2]​ La Conferencia de Berlín de 1884-1885 estableció el marco con el que las potencias europeas reclamaron territorios africanos, y los avances tecnológicos y la superioridad militar les permitieron ejercer control sobre territorios muy extensos.[29]​ Las naciones marítimas establecieron además redes de estaciones carboneras que pasaron a formar parte del tejido de los imperios a finales del siglo xix; el paso del carbón al petróleo, pocos años antes de la Primera Guerra Mundial, trastocó la logística naval y modificó lo que estaba en juego en la competencia imperial.[45]​ El barco de vapor, el armamento moderno y el descubrimiento de la quinina permitieron penetrar en regiones antes inaccesibles.[29]

Teorías del imperialismo

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El politólogo estadounidense Kenneth Waltz sostiene que el imperialismo tiene su origen en el poder de las grandes potencias: los imperios los levantan, escribe, quienes mejor se organizan y explotan sus propios recursos, porque «la debilidad invita al control» y la fuerza tienta a ejercerlo.[46]​ Los estudios académicos anglófonos basan a menudo sus teorías sobre el imperialismo en el Imperio británico. El término imperialismo entró en inglés con su sentido actual a finales de la década de 1870, de la mano de quienes se oponían a la política imperial del primer ministro británico Benjamin Disraeli, a la que atribuían un carácter agresivo y ostentoso.[7]​ Los partidarios del imperialismo, como Joseph Chamberlain, se apropiaron pronto del concepto. Para unos, el imperialismo designaba una política de idealismo y filantropía; otros afirmaban que lo caracterizaba el interés político propio, y un número creciente lo asociaba a la codicia capitalista.

Los historiadores y los teóricos políticos llevan mucho tiempo debatiendo la relación entre capitalismo, clase social e imperialismo. Buena parte de ese debate lo abrieron teóricos como John A. Hobson (1858-1940), Joseph Schumpeter (1883-1950), Thorstein Veblen (1857-1929) y Norman Angell (1872-1967). Estos autores no marxistas alcanzaron su mayor productividad antes de la Primera Guerra Mundial, pero siguieron activos durante el período de entreguerras. Su obra conjunta orientó el estudio del imperialismo y de sus efectos sobre Europa, y alimentó la reflexión sobre el auge del complejo militar-industrial en los Estados Unidos a partir de la década de 1950.

En El imperialismo: un estudio (1902), Hobson elaboró una interpretación muy influyente que desarrollaba su convicción de que el capitalismo de libre empresa perjudicaba a la mayoría de la población. En esa obra sostuvo que la financiación de los imperios de ultramar drenaba dinero necesario en la metrópoli. Ese dinero se invertía fuera porque los salarios más bajos que se pagaban a los trabajadores de ultramar generaban mayores beneficios y mayores tasas de retorno. Así, aunque los salarios metropolitanos seguían siendo más altos, crecían mucho menos de lo que habrían podido crecer. La exportación de capital, concluyó, ponía un techo al crecimiento de los salarios y del nivel de vida en la metrópoli. Hobson teorizó que las reformas sociales internas podían curar la enfermedad internacional del imperialismo al suprimir su fundamento económico, y que la intervención del Estado mediante impuestos podía ampliar el consumo, crear riqueza y favorecer un orden mundial pacífico, tolerante y multipolar.[47][48]

Los marxistas europeos retomaron las ideas de Hobson y las incorporaron a su propia teoría del imperialismo, sobre todo en El capital financiero (1910), de Rudolf Hilferding, y en El imperialismo, fase superior del capitalismo (1916), de Vladímir Lenin. Lenin presentó el imperialismo como capitalismo monopolista a escala mundial, que desembocaba en la expansión colonial para asegurar el crecimiento económico y los beneficios del capital. Los teóricos marxistas posteriores repitieron esa concepción del imperialismo como rasgo estructural del capitalismo, que explicaba las guerras mundiales como la pugna entre imperialistas por el control de los mercados exteriores. Otros teóricos marxistas, como Rosa Luxemburgo, Karl Kautsky y Nikolái Bujarin, abordaron también la cuestión. El análisis de Kautsky resulta especialmente relevante, porque introdujo conceptos que siguen ocupando un lugar destacado en la teoría de los sistemas-mundo y en los estudios poscoloniales. Kautsky cuestionó el supuesto de que el imperialismo condujera al desarrollo de las zonas sometidas a explotación económica.[14]​ El tratado de Lenin se convirtió en un manual de referencia que mantuvo su vigencia hasta el desplome de la Unión Soviética entre 1989 y 1991.[49]

Archivo:Roubaud. Russian troops entering Tiflis in 1799.JPG
Entrada de las tropas rusas en Tiflis, 26 de noviembre de 1799, de Franz Roubaud, 1886.
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La toma de Lạng Sơn durante la conquista francesa de Vietnam, en 1885.

Algunos teóricos de la izquierda no comunista han subrayado el carácter estructural o sistémico del imperialismo. Estos autores ampliaron el período asociado al término, que ya no designa ni una política ni unas pocas décadas de finales del siglo xix, sino un sistema mundial extendido a lo largo de siglos, que suele remontarse a la colonización y, en algunos relatos, a las cruzadas. A medida que se ampliaba su aplicación, el significado del término se desplazó por cinco ejes distintos y a menudo paralelos: el moral, el económico, el sistémico, el cultural y el temporal. Esos cambios reflejan, entre otros desplazamientos de sensibilidad, un malestar creciente —incluso un fuerte rechazo— ante la omnipresencia de ese poder, y en concreto del poder occidental.[50][51]

Hacia la década de 1970, historiadores como David K. Fieldhouse,[51]David Landes y Oron Hale[33]Plantilla:Rp sostuvieron que la concepción hobsoniana del imperialismo ya no se sostenía. Defendieron que el imperialismo moderno fue ante todo un producto político, generado por la histeria de las masas nacionales más que por los capitalistas.[52][53]​ La experiencia británica no respaldaba esa concepción.

El sociólogo peruano Aníbal Quijano sitúa el imperialismo como sucesor del colonialismo y como expresión de la colonialidad del poder, es decir, la persistencia de las jerarquías coloniales una vez desaparecida la administración colonial. En su formulación, «el imperialismo es una asociación de intereses sociales entre los grupos dominantes (clases sociales y/o "etnias") de países desigualmente colocados en una articulación de poder, más que una imposición desde el exterior».[54]

El historiador guyanés Walter Rodney, en De cómo Europa subdesarrolló a África (1972), propone la idea de que el imperialismo es una fase del capitalismo «en la que los países capitalistas de Europa occidental, los Estados Unidos y Japón establecieron una hegemonía política, económica, militar y cultural sobre otras partes del mundo que partían de un nivel inferior y, por tanto, no podían resistir la dominación».[55]​ Como resultado, el imperialismo «abarcó durante muchos años el mundo entero: una parte explotaba y la otra era explotada, una parte estaba dominada y la otra actuaba como señora, una parte fijaba la política y la otra dependía».[55]

Justificación y controversias

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Los argumentos a favor de la expansión imperial se agrupan en tres familias: los económicos, los políticos y los estratégicos o de seguridad. Quienes niegan el valor del imperialismo como instrumento de seguridad señalan que extender el control sobre territorios y pueblos ajenos genera fricción, porque las zonas de seguridad y las esferas de influencia de las naciones rivales acaban por solaparse.[2]

Expansionismo, vasallaje y conquista

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Archivo:Siege of Belgrade (Nándorfehérvár) 1456.jpg
Guerras otomanas en Europa.

El imperialismo adoptó con frecuencia la forma del expansionismo mediante el vasallaje, el irredentismo y la conquista.[56]

Orientalismo y geografía imaginada

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Archivo:Antoine-Jean Gros - Bonaparte Visiting the Plague Victims of Jaffa.jpeg
Bonaparte visitando a los apestados de Jaffa (Antoine-Jean Gros, 1804).

El control imperial, territorial y cultural, se justifica mediante discursos sobre el modo en que los imperialistas entienden los distintos espacios.[57]​ En el plano conceptual, las geografías imaginadas (es decir, las representaciones mentales de territorios lejanos construidas desde fuera) explican los límites de la comprensión imperialista de las sociedades que habitan esos espacios y que el discurso europeo definió como el Otro no europeo.[57]

En Orientalismo (1978), Edward Said afirmó que Occidente desarrolló el concepto de Oriente, una geografía imaginada del mundo oriental que funciona como un discurso esencializador y que no representa ni la diversidad étnica ni la realidad social de ese mundo.[58]​ Al reducir Oriente a unas cuantas esencias culturales, el discurso imperial emplea identidades ligadas al lugar para crear una diferencia cultural y una distancia psicológica entre «nosotros, Occidente» y «ellos, Oriente», y entre «aquí, en Occidente» y «allí, en Oriente».[59]

Esa diferenciación cultural resultó especialmente visible en los libros y las pinturas de los primeros estudios orientales, los exámenes europeos de Oriente, que lo representaron de forma distorsionada como irracional y atrasado, lo opuesto del Occidente racional y progresivo.[57][60]​ Definir Oriente como una visión negativa del mundo occidental, como su inferior, no solo reforzó la autoimagen de Occidente: también sirvió para ordenar Oriente y hacerlo conocido, de modo que se lo pudiera dominar y controlar.[61][62]​ El orientalismo constituyó, por tanto, la justificación ideológica del primer imperialismo occidental: un cuerpo de conocimientos e ideas que racionalizaba el control social, cultural, político y económico de otros pueblos no blancos.[59][17]Plantilla:Rp

La cartografía al servicio del imperio

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Archivo:Arthur Mees Flags of A Free Empire 1910 Cornell CUL PJM 1167 01 (Reddit source).jpg
Al mostrar banderas desproporcionadas de las posesiones británicas, este mapa aumenta de forma artificial la influencia y la presencia aparentes del Imperio británico.

Una de las principales herramientas de los imperialistas fue la cartografía. La cartografía es «el arte, la ciencia y la tecnología de hacer mapas»,[63]​ pero esa definición resulta problemática. Da a entender que los mapas son representaciones objetivas del mundo cuando en realidad sirven a fines políticos.[63]​ Para el geógrafo británico J. B. Harley, los mapas ejemplifican el concepto de Foucault sobre la relación entre poder y conocimiento.

Thomas J. Bassett ilustra esta idea con su análisis del papel de los mapas del siglo xix durante el Reparto de África.[64]​ Sostiene que los mapas «contribuyeron al imperio al promover, facilitar y legitimar la extensión del poder francés y británico en África occidental».[64]​ Al analizar las técnicas cartográficas del siglo xix, destaca el uso del espacio en blanco para señalar el territorio desconocido o inexplorado.[64]​ Esa convención dio incentivos a las potencias imperiales y coloniales para obtener «información con la que rellenar los espacios en blanco de los mapas de la época».[64]

Aunque los procesos cartográficos avanzaron gracias al imperialismo, un análisis más detenido de ese progreso revela numerosos sesgos ligados al eurocentrismo. Según Bassett, los exploradores del siglo xix pedían a menudo a los africanos que dibujaran en el suelo mapas de zonas desconocidas, y muchos de esos mapas gozaron de gran estima por su exactitud,[64]​ pero no se imprimieron en Europa hasta que los europeos los verificaron.

Imperialismo cultural

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El concepto de imperialismo cultural designa la influencia cultural de una cultura dominante sobre otras, es decir, una forma de poder blando que modifica la cosmovisión moral, cultural y social de la cultura subordinada. El fenómeno va más allá de que la música, la televisión o el cine extranjeros se popularicen entre los jóvenes: supone que una población cambia sus propias expectativas de vida y desea que su país se parezca más al país extranjero representado. Por ejemplo, las imágenes de un opulento modo de vida estadounidense en la telenovela Dallas durante la Guerra Fría modificaron las expectativas de los rumanos; un caso más reciente es la influencia de las series dramáticas surcoreanas introducidas de contrabando en Corea del Norte. Los regímenes autoritarios reconocen la importancia del poder blando y responden a esa influencia con prohibiciones de la cultura popular extranjera y con el control de internet y de las antenas parabólicas no autorizadas. Ese uso de la cultura tampoco es reciente: como parte del imperialismo romano, las élites locales quedaban expuestas a las ventajas y los lujos de la cultura y el modo de vida romanos, con el objetivo de convertirlas en participantes voluntarias.

Los críticos han sometido el imperialismo a censura moral, y por ello el término se emplea a menudo en la propaganda internacional como calificativo peyorativo de una política exterior expansionista y agresiva.[65]

Imperialismo religioso

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Los aspectos del imperialismo motivados por el supremacismo religioso pueden describirse como imperialismo religioso.[66]​ El imperialismo religioso consiste en la extensión de la autoridad religiosa según el modelo de las estructuras de poder coloniales. En 1932, el estudioso Clifford Manshardt lo definió como «la actitud mental que sostiene que aquello que yo creo deberían creerlo todos los demás, y que está dispuesta a soportar penalidades y a hacer sacrificios para extender esa creencia».[67]

Imperialismo psicológico

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Una mentalidad imperial puede apoyarse en la contraposición entre pueblos y culturas «primitivos» y «avanzados», y reforzarla, con lo que justifica y alienta las prácticas imperialistas entre quienes participan en ellas.[68]

Entre los tópicos psicológicos asociados figuran la carga del hombre blanco y la idea de misión civilizadora (Error en la secuencia de órdenes: no existe el módulo «lang».).

Imperialismo social

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El concepto político de imperialismo social es una expresión marxista que Lenin empleó por primera vez a comienzos del siglo xx —«socialistas de palabra, imperialistas de hecho»— para describir a la Sociedad Fabiana y a otras organizaciones socialistas.[69]

Más tarde, durante la ruptura con la Unión Soviética, Mao Zedong criticó a los dirigentes soviéticos y los calificó de imperialistas sociales.[70]

Darwinismo social

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Archivo:China imperialism cartoon.jpg
caricatura política francesa que muestra al fondo a un mandarín atónito con vestimenta manchú, mientras la reina Victoria (Imperio británico), Guillermo II (Imperio alemán), Nicolás II (Imperio ruso), Marianne (Tercera República francesa) y un samurái (Imperio del Japón) clavan sus cuchillos en un roscón de reyes con la palabra Error en la secuencia de órdenes: no existe el módulo «Lang». («China» en francés). Es una representación del nuevo imperialismo y de sus efectos sobre China.

El historiador británico Stephen Howe resumió así su valoración de los efectos beneficiosos de los imperios coloniales:

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Al menos algunos de los grandes imperios modernos —el británico, el francés, el austrohúngaro, el ruso e incluso el otomano— tienen virtudes que se han olvidado con demasiada facilidad. Proporcionaron estabilidad, seguridad y orden jurídico a sus súbditos. Contuvieron, y en sus mejores momentos intentaron superar, los antagonismos étnicos o religiosos potencialmente salvajes entre los pueblos. Y las aristocracias que gobernaron la mayoría de ellos resultaron a menudo mucho más liberales, humanas y cosmopolitas que sus sucesoras supuestamente cada vez más democráticas.[71][72]

Un aspecto controvertido del imperialismo es la defensa y la justificación de la construcción de imperios sobre bases en apariencia racionales. En la China antigua, el Tianxia designaba las tierras, el espacio y el ámbito asignados por vía divina al emperador según principios de orden universales y bien definidos. El centro de ese territorio correspondía directamente a la corte imperial y constituía el núcleo de una visión del mundo que se extendía en círculos concéntricos hacia los funcionarios mayores y menores, después hacia los ciudadanos comunes y los Estados tributarios, y terminaba en los «bárbaros» de la periferia. La jerarquía del Tianxia otorgaba a los chinos una posición privilegiada y se justificaba con la promesa de orden y paz.

El carácter presuntamente científico del darwinismo social y una teoría de las razas suministraron una justificación supuestamente racional del imperialismo. Bajo esa doctrina, el político francés Jules Ferry pudo declarar en 1883 que «las razas superiores tienen un derecho porque tienen un deber: el deber de civilizar a las razas inferiores».[73]J. A. Hobson formula esa justificación en términos generales: «Es deseable que la tierra esté poblada, gobernada y desarrollada, en la medida de lo posible, por las razas que mejor puedan hacer ese trabajo».[74]​ La Real Sociedad Geográfica de Londres y otras sociedades geográficas europeas tuvieron gran influencia y pudieron financiar a viajeros que regresaban con relatos de sus descubrimientos. Esas sociedades sirvieron además de espacio para que los viajeros compartieran sus historias.[17]Plantilla:Rp Geógrafos políticos como el alemán Friedrich Ratzel y el británico Halford Mackinder también apoyaron el imperialismo.[17]Plantilla:Rp Ratzel creía que la expansión era necesaria para la supervivencia de un Estado, y ese argumento dominó la disciplina de la geopolítica durante décadas.[17]Plantilla:Rp En algunas regiones poco pobladas, el imperialismo británico aplicó un principio que hoy se denomina terra nullius (expresión latina procedente del derecho romano que significa 'tierra de nadie'). El asentamiento británico en Australia en el siglo xviii se apoyó, según algunos autores, en la terra nullius, porque los colonos consideraban que sus habitantes originarios no la utilizaban. La retórica de la superioridad racial de los colonizadores parece conservar sus efectos: en toda América Latina se sigue valorando la «blancura» y son frecuentes diversas formas de blanqueamiento.

Las periferias imperiales se beneficiaron de una mayor eficiencia económica gracias a la construcción de carreteras y otras infraestructuras y a la introducción de nuevas tecnologías. El historiador suizo Herbert Lüthy señala que los propios pueblos excoloniales no muestran deseo alguno de deshacer los efectos básicos de ese proceso, y que por ello la autocrítica moral respecto del pasado colonial resulta improcedente.[75]

Determinismo ambiental

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El concepto de determinismo ambiental sirvió de justificación moral para la dominación de ciertos territorios y pueblos. Esta escuela de pensamiento sostenía que el entorno en que vivía un pueblo determinaba su comportamiento, y con ello validaba su dominación. Algunos geógrafos al servicio de los imperios colonizadores dividieron el mundo en zonas climáticas. Creían que el norte de Europa y el clima templado del Atlántico medio producían seres humanos trabajadores, morales y rectos. Los climas tropicales, en cambio, producirían actitudes perezosas, promiscuidad sexual, culturas exóticas y degeneración moral. Se consideraba que los pueblos tropicales eran «menos civilizados» y necesitaban la tutela europea,[17]Plantilla:Rp lo que justificaba el control colonial como misión civilizadora. La geógrafa estadounidense Ellen Churchill Semple, por ejemplo, sostuvo que, aunque el ser humano se originó en los trópicos, solo pudo humanizarse por completo en la zona templada.[76]Plantilla:Rp A lo largo de las tres grandes oleadas del colonialismo europeo —la primera en América, la segunda en Asia y la última en África—, el determinismo ambiental sirvió para situar de forma categórica a los pueblos indígenas dentro de una jerarquía racial. La tropicalidad puede equipararse al orientalismo de Edward Said, entendido como la construcción occidental de Oriente como «el otro».[76]Plantilla:Rp Según Said, el orientalismo permitió a Europa presentarse como lo superior y lo normal, lo que justificaba su dominio sobre un Oriente esencializado.[77]Plantilla:Rp El orientalismo es una visión de un pueblo basada en su ubicación geográfica.[78]

Ejemplos históricos

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Archivo:Modern Empires - en.svg
Mapa diacrónico de los principales imperios de la Edad Moderna (1492-1945).

Alemania

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Archivo:German colonial.PNG
El imperio colonial alemán, el tercer imperio colonial más extenso del siglo xix tras el británico y el francés.[79]

La expansión alemana hacia tierras eslavas comienza en los siglos xii y xiii con el llamado Drang nach Osten ('empuje hacia el este'). Ese concepto fue un elemento central del nacionalismo alemán y una pieza destacada de la ideología nazi. La participación alemana en la toma de territorios de ultramar, en cambio, resultó insignificante hasta finales del siglo xix. Prusia unificó a los demás Estados en el segundo Imperio alemán en 1871. Su canciller, Otto von Bismarck (1862-1890), se opuso durante mucho tiempo a las adquisiciones coloniales: sostenía que la carga de obtener, mantener y defender esas posesiones superaría cualquier beneficio potencial. Consideraba que las colonias no se pagaban a sí mismas, que el sistema burocrático alemán no funcionaría bien en los trópicos y que las disputas diplomáticas por las colonias distraerían a Alemania de su interés central, la propia Europa.[80]

La opinión pública y la opinión de las élites alemanas exigían colonias por razones de prestigio internacional, de modo que Bismarck tuvo que ceder. Entre 1883 y 1884, Alemania empezó a construir un imperio colonial en África y en el Pacífico Sur.[81][82]​ La constitución del imperio colonial alemán comenzó con la Nueva Guinea Alemana en 1884.[83]​ En menos de veinticinco años, el África del Sudoeste Alemana cometió el genocidio herero y namaqua en la actual Namibia, considerado por numerosos autores el primer genocidio del siglo xx.

Las colonias alemanas incluyeron los territorios que hoy corresponden, en África, a Tanzania, Ruanda, Burundi, Namibia, Camerún, Ghana y Togo; en Oceanía, a Nueva Guinea, las Islas Salomón, Nauru, las Islas Marshall, las Islas Marianas, las Islas Carolinas y Samoa; y en Asia, a Qingdao, Yantai y la bahía de Jiaozhou. El Tratado de Versalles los convirtió en mandatos bajo control de los vencedores aliados.[84]

Alemania perdió además, en favor de una Polonia independiente, las partes de sus territorios orientales con mayoría polaca, como consecuencia del Tratado de Versalles de 1919. Los territorios orientales habitados por una mayoría alemana desde la Edad Media se separaron de Alemania y pasaron a Polonia y a la Unión Soviética a raíz de la reorganización territorial establecida en la Conferencia de Potsdam de las potencias aliadas en 1945.

Bélgica

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Plantilla:Extracto

Brasil

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Plantilla:Extracto

Canadá

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En Canadá, el término «imperialismo» —y el término afín «colonialismo»— ha tenido significados contradictorios desde el siglo xix. A finales de ese siglo y a comienzos del xx, ser «imperialista» significaba concebir Canadá como parte de la nación británica y no como una nación aparte.[85]​ Las palabras más antiguas para los mismos conceptos eran «lealismo» o «unionismo», que también siguieron usándose. A mediados del siglo xx, el discurso canadiense en lengua inglesa empleaba «imperialismo» y «colonialismo» para presentar a Canadá como víctima de la penetración económica y cultural de los Estados Unidos.[86]​ En el discurso francocanadiense del siglo xx, los «imperialistas» eran todos los países anglosajones, Canadá incluido, que oprimían a los francófonos y a la provincia de Quebec. A comienzos del siglo xxi, el término «colonialismo» servía para señalar supuestas actitudes y actuaciones antiindígenas de Canadá heredadas del período británico.

Dinamarca

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Dinamarca-NoruegaDinamarca a partir de 1814— poseyó colonias de ultramar desde 1536 hasta 1953. En su apogeo tuvo colonias en cuatro continentes: Europa, América del Norte, África y Asia. En el siglo xvii, tras perder territorios en la península escandinava, Dinamarca-Noruega empezó a levantar colonias, fuertes y factorías comerciales en África occidental, el Caribe y el subcontinente indio. Cristián IV puso en marcha la política de ampliar el comercio danés-noruego de ultramar, dentro de la ola mercantilista que recorría Europa. La primera colonia danés-noruega se estableció en Tranquebar, en la costa meridional de la India, en 1620. El almirante Ove Gjedde dirigió la expedición que la fundó. Después de 1814, cuando Noruega se cedió a Suecia, Dinamarca conservó lo que quedaba de las grandes posesiones coloniales medievales noruegas. Una tras otra, las colonias menores se perdieron o se vendieron. Tranquebar se vendió a los británicos en 1845. Los Estados Unidos compraron las Indias Occidentales Danesas en 1917. Islandia obtuvo la independencia en 1944. Los únicos vestigios que quedan son dos colonias originalmente noruegas que hoy forman parte del Reino de Dinamarca: las Islas Feroe y Groenlandia. Las Feroe fueron un condado danés hasta 1948, mientras que Groenlandia dejó de tener estatus colonial en 1953. Ambas son ahora territorios autónomos.[87]

España

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Archivo:Spanish Empire Anachronous en.svg
Las zonas del mundo que en algún momento fueron territorios del Imperio español.

El imperialismo español de la era colonial coincide con el auge y la decadencia del Imperio español, cuyo surgimiento se sitúa convencionalmente en 1402 con la conquista de las islas Canarias. Tras el éxito de los viajes marítimos de exploración de la era de los descubrimientos, España destinó considerables recursos financieros y militares a desarrollar una armada sólida, capaz de realizar operaciones expedicionarias transatlánticas de gran escala. El objetivo era establecer y consolidar una presencia imperial firme en amplias zonas de América del Norte, de América del Sur y de la cuenca del Caribe. Junto al respaldo y el patrocinio de esos viajes transatlánticos, España desplegó a los conquistadores, que ampliaron aún más las fronteras imperiales mediante la adquisición y el desarrollo de territorios y colonias.[88]

La Revolución filipina (1896-1898) fue una lucha por la independencia del dominio colonial español. Dejó al descubierto las debilidades de la administración española, pero no logró expulsar a los españoles.[89]Andrés Bonifacio organizó el Katipunan, una sociedad revolucionaria secreta cuyos miembros rondaban los 100.000 en agosto de 1896, cuando los españoles descubrieron su existencia.[89]​ La ejecución pública de José Rizal, el 30 de diciembre de 1896, indignó y unió a los filipinos hasta volver evidente que España no podría conservar el poder de forma permanente.[89]

La guerra hispano-estadounidense de 1898 puso fin al dominio colonial español en América. El conflicto tuvo su origen en la lucha por la independencia de Cuba, iniciada en febrero de 1895, y estalló tras la destrucción del acorazado estadounidense Maine en el puerto de La Habana el 15 de febrero de 1898.[90]​ El armisticio del 12 de agosto obligó a España a renunciar a toda autoridad sobre Cuba y a ceder Puerto Rico y una isla de las Marianas a los Estados Unidos.[90]​ El Tratado de París, firmado el 10 de diciembre de ese año, confirmó esos términos y añadió la cesión de Filipinas a cambio de veinte millones de dólares.[91]​ El Senado estadounidense lo aprobó el 6 de febrero de 1899 por un solo voto de diferencia, tras una fuerte oposición que denunciaba que inauguraba una política de «imperialismo» en Filipinas.[91]​ La lucha filipina por la independencia se reanudó en 1899, con los Estados Unidos en el lugar que España había ocupado como potencia colonial.[90]​ España volvió entonces su atención hacia el interior y vivió dos décadas de progreso en la agricultura, la industria y el transporte.[92]

Imperialismo en la cuenca del Caribe

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Archivo:Spanish Caribbean Islands in the American Viceroyalties 1600.png
Colonias y territorios españoles en la cuenca del Caribe (hacia 1490-1660).

En consonancia con la actividad colonialista de las potencias imperiales europeas rivales entre los siglos xv y xix, los españoles se volcaron igualmente en extender su poder geopolítico. La cuenca del Caribe funcionó como punto geográfico clave para el avance del imperialismo español. De modo semejante a la prioridad estratégica que España concedió a la victoria en las conquistas del Imperio azteca y del Imperio incaico, puso un énfasis estratégico equivalente en ampliar su huella imperial dentro de la cuenca del Caribe.[cita requerida]

Al igual que sus rivales europeos de la era colonial —ingleses, franceses y neerlandeses—, España empleó el colonialismo como medio para ampliar las fronteras geopolíticas del imperio y asegurar la defensa de las rutas comerciales marítimas en la cuenca del Caribe.[cita requerida]

Aunque se sirvió del colonialismo en el mismo escenario geográfico que sus rivales imperiales, España mantuvo objetivos imperiales propios e instauró una forma singular de colonialismo al servicio de su agenda. Puso un énfasis estratégico considerable en la adquisición, la extracción y la exportación de metales preciosos, sobre todo oro y plata. Un segundo objetivo fue la evangelización de las poblaciones indígenas sometidas que habitaban lugares ricos en minerales y estratégicamente favorables. Entre esos grupos indígenas destacan las poblaciones taínas de Puerto Rico y de parte de Cuba. El trabajo forzoso y la esclavitud se institucionalizaron ampliamente en los territorios y colonias ocupados por España, con un énfasis inicial en dirigir la mano de obra hacia la minería y hacia otros métodos de obtención de metales semipreciosos. La encomienda, definida legalmente en 1503, consistía en una concesión de la Corona a un conquistador, un soldado o un funcionario sobre un número determinado de indígenas de una zona. El beneficiario, el encomendero, podía exigirles tributo en oro, en especie o en trabajo, y quedaba obligado a protegerlos y a instruirlos en la fe cristiana.[93]​ Aunque su propósito original era reducir los abusos del trabajo forzoso, en la práctica se convirtió en una forma de esclavitud.[93]​ El sistema se diseñó para atender las necesidades de la temprana economía minera de las colonias americanas; con el desplome demográfico de la población indígena y la sustitución de la minería por la agricultura, perdió eficacia y cedió paso al régimen de la hacienda.[93]

Debate académico y controversia

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El alcance y la magnitud de la participación española en el imperialismo dentro de la cuenca del Caribe siguen siendo objeto de debate entre los historiadores. Una fuente básica de discrepancia procede de la confusión involuntaria entre las concepciones teóricas del imperialismo y del colonialismo. Existe además una variación notable en la definición y la interpretación de esos términos según los expongan historiadores, antropólogos, filósofos o politólogos.

Entre los historiadores hay un apoyo considerable a la idea de abordar el imperialismo como una teoría conceptual surgida en los siglos xviii y xix, en particular en Gran Bretaña, difundida por exponentes clave como Joseph Chamberlain y Benjamin Disraeli. Según esa perspectiva teórica, la actividad de los españoles en el Caribe no forma parte de una forma preeminente de imperialismo impulsada por la ideología. Esa actividad se clasifica con mayor exactitud como una forma de colonialismo.

Otras divergencias entre los historiadores se atribuyen a las distintas perspectivas teóricas que proponen las escuelas académicas emergentes. Un ejemplo destacado es el imperialismo cultural, cuyos partidarios, como John Downing y Annabelle Sreberny-Mohammadi, definen el imperialismo como «la conquista y el control de un país por otro más poderoso».[94]​ El imperialismo cultural designa las dimensiones del proceso que van más allá de la explotación económica o de la fuerza militar. El colonialismo, por su parte, se entiende como «la forma de imperialismo en la que el gobierno de la colonia lo dirigen directamente extranjeros».[94]

Pese a las perspectivas divergentes y a la ausencia de un consenso académico unánime sobre el imperialismo, en el contexto de la expansión española en la cuenca del Caribe durante la era colonial el imperialismo puede interpretarse como una agenda ideológica global que se perpetúa a través de la institución del colonialismo. En ese contexto, el colonialismo funciona como un instrumento diseñado para alcanzar objetivos imperialistas concretos.

Estados Unidos

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Archivo:Raising of American flag at Iolani Palace with US Marines in the foreground (detailed).jpg
Ceremonia durante la anexión de la República de Hawái, en 1898.
Archivo:Independence Seaport Museum 226.JPG
Caricatura de un beligerante Tío Sam advirtiendo a España, Plantilla:Circa.

Formados ellos mismos por antiguas colonias, los primeros Estados Unidos manifestaron su oposición al imperialismo —al menos en una forma distinta de su propio Destino manifiesto— mediante políticas como la Doctrina Monroe. Es posible, no obstante, que intentaran sin éxito tomar Canadá en la guerra anglo-estadounidense de 1812. Los Estados Unidos obtuvieron concesiones territoriales importantes de México durante la intervención estadounidense en México. A partir de finales del siglo xix y comienzos del xx, políticas como el intervencionismo de Theodore Roosevelt en América Central y la misión de Woodrow Wilson de «hacer el mundo seguro para la democracia»[95]​ cambiaron ese panorama. La fuerza militar las respaldaba a menudo, aunque con mayor frecuencia se aplicaron entre bastidores. El analista estadounidense Max Boot y el columnista británico Oliver Kamm han equiparado ese patrón con la hegemonía y el imperium de los imperios históricos.[96][97]​ En 1898, los estadounidenses contrarios al imperialismo fundaron la Liga Antiimperialista para oponerse a la anexión de Filipinas y de Cuba. Un año después estalló una guerra en Filipinas que llevó a dirigentes empresariales, sindicales y políticos de los Estados Unidos a condenar la ocupación del archipiélago y a denunciar que había causado la muerte de muchos filipinos.[98]​ El general estadounidense retirado Smedley Butler calificó en 1935 la política exterior de su país de «negocio turbio» en su panfleto War Is a Racket.[99]

Al comienzo de la Segunda Guerra Mundial, el presidente Franklin D. Roosevelt se oponía al colonialismo europeo, en especial en la India. Dio marcha atrás cuando el británico Winston Churchill exigió que la victoria en la guerra fuera la primera prioridad. Roosevelt esperaba que las Naciones Unidas asumieran el problema de la descolonización.[100]

Algunos autores han descrito los conflictos internos entre distintos grupos de población como una forma de imperialismo o de colonialismo. Esa forma interna se distingue del imperialismo estadounidense informal, que adopta la figura de una hegemonía política y financiera,[101]​ y también difiere de la creación de «colonias» estadounidenses en el extranjero.[101]​ Por el trato dado a sus pueblos indígenas durante la expansión hacia el oeste, los Estados Unidos adoptaron la forma de una potencia imperial antes de cualquier intento de imperialismo exterior. Esa forma interna de imperio ha recibido el nombre de «colonialismo interno».[102]​ Algunos autores ven en la participación en el comercio atlántico de esclavos —que deportó entre doce y quince millones de africanos— y en el trato posterior a esa población una extensión más moderna de ese colonialismo interno estadounidense.[103]​ Ese colonialismo interno encontró resistencia, igual que el externo, pero la presencia anticolonial resultó mucho menos visible por el dominio casi completo que los Estados Unidos lograron imponer tanto sobre los pueblos indígenas como sobre los afroamericanos.[104]

Francia

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Archivo:French Empire 17th century-20th century.png
Mapa del primer imperio colonial francés (en azul claro) y del segundo (en azul oscuro).

Durante el siglo xvi, la colonización francesa de América comenzó con la creación de Nueva Francia. Le siguieron, en el siglo xvii, las factorías de la Compañía Francesa de las Indias Orientales en África y Asia. Francia tuvo su «primer imperio colonial» entre 1534 y 1814, que comprendía Nueva Francia (Canadá, Acadia, Terranova y Luisiana), las Antillas francesas (Saint-Domingue, Guadalupe, Martinica), la Guayana Francesa, Senegal (Gorea), las islas Mascareñas (Mauricio, Reunión) y la India francesa.

Su «segundo imperio colonial» empezó con la toma de Argel en 1830 y terminó en lo esencial con la concesión de la independencia a Argelia en 1962.[105]​ La historia imperial francesa estuvo marcada por numerosas guerras, grandes y pequeñas, y también por la ayuda considerable que los colonizados prestaron a la propia Francia en las dos guerras mundiales.[106]​ Francia tomó el control de Argelia en 1830, pero comenzó de veras a reconstruir su imperio mundial después de 1850, sobre todo en África del Norte y Occidental (África del Norte Francesa, África Occidental Francesa, África Ecuatorial Francesa) y en el Sudeste Asiático (Indochina francesa), con otras conquistas en el Pacífico Sur (Nueva Caledonia, Polinesia Francesa). Francia intentó además convertir a México en colonia en dos ocasiones, entre 1838 y 1839 y entre 1861 y 1867, en la guerra de los Pasteles y en la segunda intervención francesa en México.

Archivo:LaGuerreAMadagascar.jpg
Cartel francés sobre la «guerra de Madagascar».

Los republicanos franceses, al principio hostiles al imperio, solo pasaron a apoyarlo cuando Alemania empezó a construir su propio imperio colonial. A medida que se desarrollaba, el nuevo imperio asumió funciones comerciales respecto de Francia: suministraba materias primas y compraba productos manufacturados. También aportaba prestigio a la metrópoli y difundía la civilización y la lengua francesas, además del catolicismo, y proporcionó mano de obra decisiva en ambas guerras mundiales.[107]​ Esa difusión se convirtió en una justificación moral: elevar el mundo hasta los estándares franceses llevándole el cristianismo y la cultura francesa. En 1884, el principal exponente del colonialismo, Jules Ferry, declaró que Francia tenía una misión civilizadora: «Las razas superiores tienen un derecho sobre las inferiores, y tienen el deber de civilizarlas».[108]​ Se ofrecieron derechos plenos de ciudadanía —la llamada asimilación—, aunque en la práctica esa asimilación quedó siempre en un horizonte lejano.[109]​ A diferencia de Gran Bretaña, Francia envió a sus colonias pocos colonos, con la única excepción notable de Argelia, donde aun así los colonos franceses siempre fueron una pequeña minoría.

El imperio colonial francés abarcó 11.500.000 km² en su apogeo, en la década de 1920, y contaba con 110 millones de habitantes en vísperas de la Segunda Guerra Mundial.[110][111]

Durante la Segunda Guerra Mundial, Charles de Gaulle y la Francia Libre usaron las colonias de ultramar como bases desde las que combatieron para liberar Francia. Después de 1945, sin embargo, los movimientos anticoloniales empezaron a desafiar al imperio. Francia libró y perdió una guerra encarnizada en Vietnam en la década de 1950. En Argelia ganó la guerra, pero De Gaulle decidió conceder de todos modos la independencia en 1962. Los colonos franceses y muchos partidarios locales se trasladaron a Francia. Casi todas las colonias francesas alcanzaron la independencia antes de 1960, aunque Francia conservó una influencia financiera y diplomática considerable. En varias ocasiones ha enviado tropas para ayudar a sus antiguas colonias africanas a sofocar insurrecciones y golpes de Estado.[112]

Política educativa

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Los funcionarios coloniales franceses, influidos por el ideal revolucionario de igualdad, uniformaron en lo posible las escuelas, los planes de estudio y los métodos de enseñanza. No crearon sistemas escolares coloniales para impulsar las aspiraciones de la población local, sino que exportaron los sistemas y métodos en boga en la metrópoli.[113]​ Disponer de una burocracia subalterna con formación moderada resultaba muy útil a los funcionarios coloniales.[114]​ La élite indígena formada en francés que iba surgiendo veía poco valor en educar a la población rural.[115]​ Después de 1946, la política consistió en llevar a los mejores estudiantes a París para su formación superior. El resultado fue sumergir a la siguiente generación de dirigentes en la creciente diáspora anticolonial (es decir, la comunidad de exiliados y estudiantes coloniales) que tenía su centro en París. Allí los coloniales impresionables podían tratar tanto con estudiosos aplicados como con revolucionarios radicales. Ho Chi Minh y otros jóvenes radicales fundaron en París el Partido Comunista Francés en 1920.[116]

Túnez constituyó una excepción. Paul Cambon administró la colonia y construyó un sistema educativo para colonos e indígenas por igual, estrechamente inspirado en el de la Francia metropolitana. Puso el acento en la educación femenina y en la formación profesional. Al llegar la independencia, la calidad de la enseñanza tunecina casi igualaba a la francesa.[117]

Los nacionalistas africanos rechazaron ese sistema de educación pública, en el que veían un intento de retrasar el desarrollo africano y mantener la superioridad colonial. Una de las primeras demandas del movimiento nacionalista surgido tras la Segunda Guerra Mundial fue la implantación de una educación plenamente metropolitana en el África Occidental Francesa, con su promesa de igualdad con los europeos.[118][119]

En Argelia el debate se polarizó. Los franceses crearon escuelas basadas en el método científico y en la cultura francesa. Los pieds-noirs (los migrantes católicos llegados de Europa) acogieron bien esa orientación. Los árabes musulmanes la rechazaron, pues valoraban la agilidad mental y su tradición religiosa propia. Los árabes se negaron a convertirse en franceses patriotas y cultivados, y no hubo un sistema educativo unificado hasta que los pieds-noirs y sus aliados árabes marcharon al exilio después de 1962.[120]

En Vietnam del Sur, entre 1955 y 1975, dos potencias compitieron en el terreno educativo: los franceses continuaron su labor mientras los estadounidenses se instalaban. Sus objetivos discrepaban con nitidez. Los educadores franceses buscaban preservar la cultura francesa entre las élites vietnamitas y se apoyaban en la Mission Culturelle —heredera de la Dirección de Educación colonial— y en sus prestigiosos institutos. Los estadounidenses miraban a la gran masa de la población y pretendían hacer de Vietnam del Sur una nación lo bastante fuerte como para frenar el comunismo. Contaban con mucho más dinero, ya que la Agencia de los Estados Unidos para el Desarrollo Internacional coordinaba y financiaba la actividad de equipos de expertos y, en particular, de misiones académicas. Los franceses vieron con hondo resentimiento esa invasión estadounidense de su zona histórica de imperialismo cultural.[121]

Gran Bretaña

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Archivo:Henry Singleton - The Last Effort and Fall of Tippoo Sultan - WGA21457.jpg
El último esfuerzo y la caída de Tipu Sultán, del pintor británico Henry Singleton, hacia 1800. Tipu, sultán de Mysore y aliado de Napoleón Bonaparte, se enfrentó a las fuerzas de la Compañía Británica de las Indias Orientales en el sitio de Srirangapatna, donde murió.

Inglaterra

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Las ambiciones imperialistas de Inglaterra se aprecian ya en el siglo xvi, cuando la conquista Tudor de Irlanda comenzó en la década de 1530. En 1599 se constituyó la Compañía Británica de las Indias Orientales, a la que la reina Isabel concedió carta real al año siguiente.[18]Plantilla:Rp Con el establecimiento de factorías comerciales en la India, los ingleses lograron mantener su fuerza frente a otros imperios, como el portugués, que ya había instalado factorías en el subcontinente.[18]Plantilla:Rp

Escocia

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Entre 1621 y 1699, el Reino de Escocia autorizó varias colonias en América. La mayoría de esas colonias se cerraron o se hundieron pronto por diversas razones.

Reino Unido

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Con las Actas de Unión de 1707 se fusionaron los reinos de Inglaterra y Escocia, y sus colonias pasaron en conjunto a depender de Gran Bretaña, también conocida como Reino Unido. El imperio que Gran Bretaña llegó a fundar fue el más extenso que ha existido, tanto por superficie como por población. Su poder militar y económico careció de rival durante algunas décadas.

En 1767, las guerras anglo-mysore y otra actividad política provocaron la explotación de la Compañía de las Indias Orientales y el saqueo de la economía local, lo que estuvo a punto de llevar a la compañía a la quiebra.[122]​ Ya en 1670 las ambiciones imperialistas británicas iban bien encaminadas, pues contaban con colonias en Virginia, Massachusetts, Bermudas, Honduras, Antigua, Barbados, Jamaica y Nueva Escocia.[122]

Las vastas ambiciones imperialistas de los países europeos provocaron varios choques entre Gran Bretaña y Francia. Esa competencia resultó evidente en la colonización de lo que hoy es Canadá. Juan Caboto reclamó Terranova para los ingleses, mientras que los franceses fundaron colonias a lo largo del río San Lorenzo y lo reclamaron como «Nueva Francia».[123]​ Gran Bretaña siguió expandiéndose y colonizó países como Nueva Zelanda y Australia, que no eran tierras vacías, pues tenían sus propios habitantes y culturas.[18]Plantilla:Rp Los movimientos nacionalistas británicos se manifestaron en la creación de los países de la Mancomunidad, donde existía una identidad nacional compartida.[18]Plantilla:Rp

Tras la protoindustrialización, el «primer» Imperio británico se basó en el mercantilismo y comprendió colonias y posesiones sobre todo en América del Norte, el Caribe y la India. Su crecimiento se invirtió con la pérdida de las colonias americanas en 1776. Gran Bretaña compensó esa pérdida con ganancias en la India y en Australia, y con la construcción de un imperio económico informal mediante el control del comercio y las finanzas en América Latina tras la independencia de las colonias españolas y portuguesas, hacia 1820.[124]​ Hacia la década de 1840, el Reino Unido había adoptado una política de libre comercio de gran éxito que le dio el dominio del comercio en buena parte del mundo.[125]​ Después de perder su primer imperio frente a los estadounidenses, Gran Bretaña dirigió su atención hacia Asia, África y el Pacífico. Tras la derrota de la Francia napoleónica en 1815, el Reino Unido disfrutó de un siglo de dominio casi indiscutido y amplió sus posesiones imperiales por todo el planeta. Sin rival en el mar, ese dominio británico recibió más tarde el nombre de Pax Britannica («paz británica»), un período de paz relativa en Europa y en el mundo (1815-1914) durante el cual el Imperio británico se convirtió en el hegemón mundial y asumió el papel de policía global. Esa paz, sin embargo, se percibía sobre todo desde Europa, y el período constituyó una serie casi ininterrumpida de guerras y disputas coloniales. La conquista británica de la India, la intervención contra Mehmet Alí, las guerras anglo-birmanas, la guerra de Crimea, las guerras del Opio y el Reparto de África —por citar los conflictos más notables— movilizaron amplios medios militares para afianzar la delantera británica en la conquista global que Europa encabezó durante el siglo.[126][127][128]

A comienzos del siglo xix, la Revolución Industrial empezó a transformar Gran Bretaña; en la época de la Gran Exposición de 1851 se describía al país como «el taller del mundo».[129]​ El Imperio británico se amplió hasta incluir la India, amplias zonas de África y muchos otros territorios del mundo. Junto al control formal que ejercía sobre sus colonias, el dominio británico de buena parte del comercio mundial le permitió controlar de hecho las economías de muchas regiones, como Asia y América Latina.[130][131]​ En el interior, las posturas políticas favorecían el libre comercio, las políticas de laissez faire y una ampliación gradual del derecho de voto. Durante ese siglo la población creció a un ritmo acelerado, acompañado de una rápida urbanización, lo que generó fuertes tensiones sociales y económicas.[132]​ Para buscar nuevos mercados y fuentes de materias primas, el Partido Conservador de Disraeli inició un período de expansión imperialista en Egipto, Sudáfrica y otros lugares. Canadá, Australia y Nueva Zelanda se convirtieron en dominios autónomos.[133][134]

Archivo:Resa del bacino del Brandewater.jpg
El resultado de las Guerras de los bóeres fue la anexión de las repúblicas bóeres al Imperio británico en 1902.

A finales del siglo xix llegó un resurgimiento con el Reparto de África y con importantes incorporaciones en Asia y Oriente Medio. Joseph Chamberlain y lord Rosebery expresaron el espíritu imperialista británico, que Cecil Rhodes aplicó en África. Las seudociencias del darwinismo social y las teorías raciales aportaron entonces un sustento ideológico y una legitimación. Otros portavoces influyentes fueron lord Cromer, lord Curzon, el general Kitchener, lord Milner y el escritor Rudyard Kipling.[135]​ Tras la primera guerra de los bóeres, el Reino Unido reconoció a la República Sudafricana y al Estado Libre de Orange, pero acabó anexionándolos de nuevo después de la segunda guerra de los bóeres. El poder británico se debilitaba, pues el Estado alemán reunificado bajo el Reino de Prusia representaba una amenaza creciente para su dominio. En 1913, el Reino Unido era la cuarta economía del mundo, por detrás de los Estados Unidos, Rusia y Alemania.

Archivo:British Empire 1921.png
Mapa del Imperio británico en su máxima extensión territorial, en 1921.

La guerra de Independencia de Irlanda de 1919-1921 condujo a la creación del Estado Libre Irlandés. El Reino Unido, en cambio, obtuvo el control de antiguas colonias alemanas y otomanas mediante los mandatos de la Sociedad de Naciones. Pasó así a disponer de una línea prácticamente continua de territorios controlados desde Egipto hasta Birmania y de otra desde El Cairo hasta Ciudad del Cabo. Ese período coincidió, sin embargo, con la aparición de movimientos independentistas basados en el nacionalismo y en las nuevas experiencias que los colonizados habían adquirido durante la guerra.

La Segunda Guerra Mundial debilitó de forma decisiva la posición de Gran Bretaña en el mundo, sobre todo en el plano financiero. Surgieron movimientos de descolonización en casi todo el imperio, que llevaron a la independencia y partición de la India en 1947, a la separación de los dominios autónomos en 1949 y al establecimiento de Estados independientes en la década de 1950. El imperialismo británico mostró su fragilidad en Egipto durante la crisis de Suez de 1956. Con los Estados Unidos y la Unión Soviética como únicas superpotencias salidas de la Segunda Guerra Mundial, el papel de Gran Bretaña como potencia mundial declinó de forma acusada y rápida.[136]

Imperio incaico

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Imperio mogol

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Imperios nómadas

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Italia

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Archivo:Italian Colonial Empire (orthographic projection).svg
El imperio italiano en 1940.

El imperio italiano (Error en la secuencia de órdenes: no existe el módulo «Lang».) comprendió las posesiones de ultramar del Reino de Italia, situadas sobre todo en el nordeste de África. Comenzó con la compra, en 1869, de la bahía de Assab, en el mar Rojo, por parte de una compañía de navegación italiana que pretendía establecer allí una estación carbonera mientras se abría a la navegación el canal de Suez.[137]​ El gobierno italiano se hizo cargo de ella en 1882 y así nació el primer territorio de ultramar de la Italia moderna.[138]​ Al comenzar la Primera Guerra Mundial en 1914, Italia había obtenido en África la colonia de Eritrea, en la costa del mar Rojo; un extenso protectorado, después colonia, en Somalia; y la autoridad sobre las antiguas provincias otomanas de Tripolitania y Cirenaica, obtenidas tras la guerra ítalo-turca.

Fuera de África, Italia poseía las islas del Dodecaneso, frente a la costa de Turquía, y una pequeña concesión en Tianjin, en China, obtenida tras la rebelión bóxer de 1900. Durante la Primera Guerra Mundial, Italia ocupó el sur de Albania para evitar que cayera en manos de Austria-Hungría. En 1917 estableció un protectorado sobre Albania, que se mantuvo hasta 1920.[139]​ El gobierno fascista que llegó al poder con Benito Mussolini en 1922 buscó aumentar el tamaño del imperio italiano y satisfacer las reivindicaciones de los irredentistas italianos.

Tras su segunda invasión de Etiopía en 1936, Italia ocupó el país hasta 1941. Se considera por lo general que el imperio italiano alcanzó su máxima extensión territorial entre 1936 y 1940, tras la conquista de Etiopía y la proclamación del África Oriental Italiana. En ese período Italia controlaba Libia, Eritrea, la Somalia italiana, Etiopía —como parte del África Oriental Italiana—, las islas del Dodecaneso y Albania, además de concesiones menores en otros lugares. El proyecto colonial italiano bajo el fascismo se justificó con una combinación de nacionalismo, irredentismo y una supuesta misión civilizadora. El régimen promovió la difusión de la lengua, la cultura y las instituciones italianas en sus colonias, y presentó la expansión colonial como una vía para afirmar el prestigio de Italia y modernizar los territorios bajo su control. Las autoridades italianas crearon estructuras administrativas e instituciones educativas en las colonias para gobernar a la población local y formar una élite leal a Italia. Se crearon escuelas para los colonos italianos y para alumnos locales seleccionados, con planes de estudio calcados del sistema italiano, con el fin de integrar las colonias cultural y políticamente en el imperio. En su apogeo, el imperio italiano abarcaba varios millones de kilómetros cuadrados en África y el Mediterráneo y gobernaba sobre millones de habitantes. Ese período coincidió con la máxima extensión territorial de las potencias imperiales europeas durante los años de entreguerras. En 1939, Italia invadió Albania y la incorporó al Estado fascista. Durante la Segunda Guerra Mundial (1939-1945), Italia ocupó la Somalilandia británica, zonas del sudeste de Francia, el occidente de Egipto y la mayor parte de Grecia, pero perdió esas conquistas y sus colonias africanas, Etiopía incluida, ante el avance de las fuerzas aliadas en 1943. El tratado de paz de 1947 la obligó a renunciar a la soberanía sobre todas sus colonias. En 1950 recibió un fideicomiso para administrar la antigua Somalia italiana bajo supervisión de las Naciones Unidas. Cuando Somalia alcanzó la independencia en 1960, terminó el experimento colonial italiano de ocho décadas.[140][141]

Japón

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Archivo:Japanese Empire (orthographic projection).svg
La Esfera de Coprosperidad de la Gran Asia Oriental en 1942.
Archivo:Japanese Special Naval Landing Forces on the deck board of the IJN xxx, June 11th.jpg
Infantes de marina japoneses preparándose para desembarcar en Anqing, China, en junio de 1938.

Durante más de doscientos años, Japón mantuvo una sociedad feudal en un período de relativo aislamiento del resto del mundo. En la década de 1850, la presión militar de los Estados Unidos y de otras potencias obligó a Japón a abrirse al mercado mundial y puso fin a ese aislamiento. Siguió un período de conflictos y revoluciones políticas provocado por la incertidumbre socioeconómica, que terminó en 1868 con la reunificación del poder político bajo el emperador durante la Restauración Meiji. De ahí arrancó una industrialización acelerada, impulsada en parte por el deseo japonés de autosuficiencia. A comienzos del siglo xx, Japón era una potencia naval capaz de medirse con una potencia europea consolidada, como demostró al derrotar a Rusia.[142]

Pese al aumento de su población y a una economía cada vez más industrializada, Japón carecía de recursos naturales importantes. El país recurrió por ello al imperialismo y al expansionismo como forma de compensar esas carencias, y adoptó el lema nacional fukoku kyōhei (Error en la secuencia de órdenes: no existe el módulo «Lang»., 'enriquecer el país, fortalecer el ejército').[143]

Japón aprovechó cada oportunidad. En 1869 se sirvió de la derrota de los rebeldes de la República de Ezo para incorporar formalmente la isla de Hokkaidō al imperio. Durante siglos había considerado las islas Ryūkyū una de sus provincias. En 1871 se produjo el incidente de Mudan: unos aborígenes taiwaneses asesinaron a 54 marineros ryukyuenses que habían naufragado. Por entonces las islas Ryūkyū las reclamaban tanto la China Qing como Japón, y los japoneses interpretaron el suceso como un ataque contra sus ciudadanos. Tomaron medidas para incorporar las islas a su jurisdicción: en 1872 se declaró el dominio de Ryūkyū y en 1874 se envió una incursión de represalia a Taiwán que resultó un éxito. Ese éxito envalentonó a los japoneses, pues ni siquiera los estadounidenses habían logrado vencer a los taiwaneses en la expedición de Formosa de 1867. Pocos le dieron importancia entonces, pero fue el primer movimiento de la serie expansionista japonesa. Japón ocupó Taiwán durante el resto de 1874 y después se retiró por presiones chinas, aunque en 1879 anexionó por fin las islas Ryūkyū. En 1875 la China Qing envió una fuerza de 300 hombres para someter a los taiwaneses, pero, a diferencia de los japoneses, los chinos cayeron en una emboscada y 250 de sus soldados murieron. El fracaso de esa expedición volvió a dejar al descubierto la incapacidad de la China Qing para ejercer un control efectivo en Taiwán y sirvió de nuevo incentivo para que Japón se anexionara la isla. Finalmente, el botín por ganar la primera guerra sino-japonesa en 1894 incluyó Taiwán.[144]

En 1875 Japón emprendió su primera operación contra la Corea Joseon, otro territorio que codiciaba desde hacía siglos; el incidente de la isla de Ganghwa abrió Corea al comercio internacional. Corea fue anexionada en 1910. Tras ganar la guerra ruso-japonesa en 1905, Japón arrebató a Rusia parte de la isla de Sajalín. La victoria sobre el Imperio ruso conmocionó al mundo, porque era la primera vez que una potencia asiática derrotaba a una europea en una guerra moderna a gran escala, y en Japón se vivió como una hazaña. Esa victoria sirvió después de antecedente para los países asiáticos en su lucha contra las potencias occidentales por la descolonización. Durante la Primera Guerra Mundial, Japón tomó los territorios arrendados a Alemania en la provincia china de Shandong, así como las islas Marianas, Carolinas y Marshall, que conservó como mandatos de la Sociedad de Naciones. Al principio Japón mantuvo una buena posición entre las potencias aliadas vencedoras, pero diversas discrepancias y la insatisfacción con las compensaciones de los tratados enfriaron esas relaciones; la presión estadounidense, por ejemplo, lo obligó a devolver la zona de Shandong. Hacia la década de 1930, la depresión económica, la urgencia de conseguir recursos y una desconfianza creciente hacia las potencias aliadas inclinaron a Japón hacia una postura militarista endurecida. A lo largo de esa década se acercó a Alemania y a Italia, con las que formó la alianza del Eje. En 1931 Japón arrebató Manchuria a China. Las reacciones internacionales condenaron esa acción, pero el fuerte escepticismo japonés hacia las naciones aliadas hizo que siguiera adelante.[145]

Archivo:First pictures of the Japanese occupation of Peiping in China.jpg
Desfile japonés en la puerta Zhengyangmen de Pekín tras la toma de la ciudad, en julio de 1937.

Durante la segunda guerra sino-japonesa, en 1937, el ejército japonés invadió el centro de China. Entre 1938 y 1939 Japón intentó además apoderarse de territorio de la Rusia soviética y de Mongolia, pero sufrió graves derrotas en la batalla del lago Jasán y en las batallas de Jaljin Gol. Para entonces las relaciones con las potencias aliadas habían tocado fondo y se aplicaba un boicot internacional destinado a privar a Japón de recursos naturales. Se juzgó necesaria una acción militar para acceder a ellos, y así Japón atacó Pearl Harbor, lo que llevó a los Estados Unidos a la Segunda Guerra Mundial. Gracias a su ventaja tecnológica en aviación naval y a sus doctrinas modernas de guerra anfibia y guerra naval, Japón logró una de las expansiones marítimas más rápidas de la historia. En 1942 había conquistado buena parte de Asia oriental y del Pacífico, incluidos el este de China, Hong Kong, Tailandia, Vietnam, Camboya, Birmania, Malasia, Filipinas, Indonesia, parte de Nueva Guinea y numerosas islas del océano Pacífico. Del mismo modo que el éxito de su industrialización tardía y la victoria sobre el Imperio ruso se habían visto como un ejemplo entre las naciones subdesarrolladas de Asia y el Pacífico, los japoneses aprovecharon esa imagen y promovieron entre los pueblos conquistados el objetivo de crear en común una Esfera de Coprosperidad de la Gran Asia Oriental antieuropea. Ese plan les ayudó a obtener apoyo de las poblaciones locales durante sus conquistas, en especial en Indonesia. Los Estados Unidos, sin embargo, contaban con una base militar e industrial mucho más fuerte, derrotaron a Japón, le despojaron de sus conquistas y devolvieron a sus colonos al archipiélago.[146]

Países Bajos

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El ejemplo más destacado del imperialismo neerlandés es el de Indonesia.

Persia safávida

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Portugal

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Archivo:Portugal Império total.png
Mapa del Imperio portugués.
Archivo:Restos de la Catedral de San Pablo, Macao, 2013-08-08, DD 34.jpg
Ruinas de la catedral de San Pablo en Macao, iglesia portuguesa del siglo xvii y símbolo de la presencia colonial portuguesa en Asia.

El Imperio portugués comprendió las posesiones de ultramar de Portugal desde el siglo xv hasta mediados del siglo xx. Comenzó con las exploraciones a lo largo de la costa de África occidental y con el establecimiento de factorías comerciales en Marruecos, y se amplió después al Brasil, a la India (Goa) y a partes del Sudeste Asiático y de África, entre ellas Angola y Mozambique. El proyecto colonial portugués se justificó con una combinación de intereses económicos, consideraciones estratégicas y un sentido de misión civilizadora. Portugal pretendía conservar sus posesiones históricas de ultramar y difundir a la vez la lengua portuguesa, su cultura y el catolicismo. La expansión colonial se presentó además como una vía para afirmar el prestigio internacional del país. Las autoridades portuguesas establecieron sistemas administrativos para gobernar a la población local y mantener el control del comercio y de los recursos. Las instituciones educativas fueron escasas y se centraron a menudo en la alfabetización básica y en la formación profesional de élites locales seleccionadas, mientras promovían la lengua y la cultura portuguesas para integrar los territorios en el imperio en los planos político y cultural. En su apogeo, a comienzos del siglo xx, el Imperio portugués controlaba territorios en África, Asia y América del Sur, entre ellos Angola, Mozambique, Guinea-Bisáu, Cabo Verde, Santo Tomé y Príncipe, Goa, Macao y Timor Oriental. Ese período coincidió con la máxima extensión territorial de las potencias imperiales europeas a finales del siglo xix y comienzos del xx. El Imperio portugués declinó de forma gradual después de la Primera Guerra Mundial y, más tarde, tras la Segunda, a medida que surgían movimientos independentistas en África y Asia. La mayoría de las colonias africanas alcanzaron la independencia en la década de 1970, lo que marcó el final del imperio portugués de ultramar.[147]

Rusia

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Imperio ruso

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Archivo:Russian expansion 1300-1914.png
Expansión del Zarato y del Imperio ruso hasta 1914.

En el siglo xviii, el Imperio ruso extendió su control hasta el Pacífico y formó de manera pacífica una frontera común con el Imperio Qing y con el Imperio del Japón. Ese avance se produjo mediante numerosas invasiones militares de las tierras situadas al este, al oeste y al sur. La guerra polaco-rusa de 1792 estalló después de que la nobleza polaca de la República de las Dos Naciones redactara la Constitución del 3 de mayo de 1791. La guerra terminó con la conquista del este de Polonia por la Rusia imperial, que lo mantuvo como colonia hasta 1918. Las campañas del sur comprendieron una serie de guerras ruso-persas que se iniciaron con la expedición persa de 1796 y que llevaron a la adquisición de Georgia como protectorado. Entre 1800 y 1864, los ejércitos imperiales invadieron el sur en la conquista del Cáucaso, la guerra múrida y la guerra ruso-circasiana. Este último conflicto condujo a la limpieza étnica de los circasianos de sus tierras. La conquista rusa de Siberia sobre el Kanato de Sibir tuvo lugar en los siglos xvi y xvii y provocó la matanza de diversos pueblos indígenas a manos de los rusos, entre ellos los daures, los coriacos, los itelmenos, los mansis y los chucotos. La colonización rusa de Europa central y oriental y de Siberia, junto con el trato dado a los pueblos indígenas residentes, se ha comparado con la colonización europea de América, con efectos negativos semejantes sobre los indígenas siberianos y sobre los pueblos originarios americanos. El exterminio de las tribus indígenas siberianas fue tan completo que hoy se calcula que sobrevive una población relativamente pequeña, de unas 180.000 personas. Durante ese período el Imperio ruso explotó y sometió a las huestes cosacas, antes de convertirlas a finales del siglo xviii en un estamento militar especial o sosloviye. Los cosacos sirvieron después en las campañas imperiales rusas contra otros pueblos.[148]

La adquisición de Ucrania por Rusia comenzó en 1654 con el Tratado de Pereyáslav. La incorporación de Georgia a Rusia en 1783 quedó sellada con el Tratado de Gueórguiyevsk.

Unión Soviética

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Archivo:Former Russia-controlled territories without Alaska.png
Territorios que estuvieron bajo control ruso o soviético: la Unión Soviética; los territorios soviéticos que nunca formaron parte de la Rusia imperial (Tuvá, Prusia Oriental, la Ucrania occidental y las islas Kuriles); los territorios imperiales que no pasaron a la Unión Soviética; la esfera de influencia soviética (Pacto de Varsovia y Mongolia); y las zonas de ocupación militar soviética (el norte de Irán, Manchuria, el norte de Corea, Sinkiang y Afganistán).

Hacia 1921 los dirigentes bolcheviques habían restablecido en la práctica una entidad política de extensión aproximadamente igual a la del imperio, aunque con una ideología internacionalista: Lenin, en particular, afirmó el derecho a una autodeterminación limitada para las minorías nacionales dentro del nuevo territorio.[149]​ A partir de 1923, la política de korenizatsiya (es decir, la «indigenización» o promoción de los cuadros y las lenguas locales) buscó que los pueblos no rusos desarrollaran sus culturas nacionales dentro de un marco socialista. Nunca se derogó formalmente, pero dejó de aplicarse después de 1932.[cita requerida] Tras la Segunda Guerra Mundial, la Unión Soviética instaló en las zonas de Europa oriental que ocupaban sus fuerzas regímenes socialistas calcados de los que había implantado entre 1919 y 1920 en el antiguo Imperio ruso.[150]​ La Unión Soviética y, más tarde, la República Popular China apoyaron movimientos revolucionarios y comunistas en naciones y colonias extranjeras para favorecer sus propios intereses, aunque no siempre con éxito.[151]​ La Unión Soviética prestó una gran ayuda al Kuomintang entre 1926 y 1928 para formar un gobierno chino unificado durante la Expedición del Norte. Aunque después las relaciones se deterioraron, fue la única potencia mundial que dio asistencia militar a China frente a la agresión japonesa entre 1937 y 1941, en el marco del Pacto de no agresión sino-soviético. La victoria de los comunistas chinos en la guerra civil china de 1946-1949 se apoyó en la gran ayuda soviética.

Aunque la Unión Soviética se declaraba antiimperialista, sus críticos sostienen que presentaba rasgos comunes a los imperios históricos.[152][153][154]​ Algunos estudiosos consideran que la Unión Soviética fue una entidad híbrida, con elementos propios tanto de los imperios multinacionales como de los Estados nacionales. Otros argumentaron que practicó el colonialismo igual que las demás potencias imperiales y que prolongaba la vieja tradición rusa de expansión y control.[154]Mao Zedong llegó a sostener que la Unión Soviética se había convertido ella misma en una potencia imperialista mientras mantenía una fachada socialista. Las ideas del imperialismo se difundieron además en las actuaciones de los niveles superiores del gobierno. Josip Broz Tito y Milovan Djilas calificaron de imperialismo soviético la política exterior de la Unión Soviética estalinista, como la ocupación y la explotación económica de Europa oriental y su política agresiva y hostil hacia Yugoslavia.[155][156]​ Algunos marxistas del Imperio ruso y después de la Unión Soviética, como Sultán Galíev y Vasil Shajrái, consideraron el régimen soviético una versión renovada del imperialismo y del colonialismo rusos.[157]​ Se han citado como ejemplos el aplastamiento de la Revolución húngara de 1956 y la guerra soviético-afgana.[158][159][160]

Suecia

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Consecuencias del imperialismo

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Consecuencias económicas

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Entre 1760 y 1870 la Revolución Industrial modificó las estrategias comerciales con el mundo colonial. Las naciones que se industrializaban pasaron a vender, buscaron mercados para sus productos fabricados a máquina y exigieron a las colonias materias primas y alimentos.[161]​ Con el avance de la industrialización, las especias, el azúcar y los esclavos perdieron peso relativo en la demanda, mientras crecía la de materias primas para la industria.[162]​ Esa reorientación desarticuló los sistemas sociales existentes mediante la reforma de la propiedad de la tierra, la creación de mercados de trabajo y la modificación de los circuitos comerciales.[161]

Consecuencias demográficas

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El intercambio colombino —la circulación de personas, plantas, animales y microbios que siguió a los viajes transoceánicos de los siglos xv y xvi— formó la parte principal de un proceso más amplio de globalización biológica.[163]​ El intercambio de enfermedades resultó, sin embargo, marcadamente unilateral. Los europeos y los africanos introdujeron en América dolencias como la viruela y la gripe, frente a las que la población indígena carecía de inmunidad, y provocaron un descenso demográfico catastrófico.[163]

Consecuencias ecológicas

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Las provincias ecológicas que la deriva continental había separado millones de años antes quedaron reunidas de golpe por la navegación oceánica, sobre todo a raíz de los viajes de Cristóbal Colón iniciados en 1492.[163]​ La introducción de ganado euroasiático alteró la ecología de América, y la llegada del caballo transformó a las sociedades indígenas del continente.[163]

Consecuencias sociales y políticas

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Las transformaciones económicas exigieron cambios políticos: la formación de una élite local dispuesta a cooperar, unas técnicas administrativas eficaces y unos instrumentos de mantenimiento del orden que garantizaran la estabilidad social.[162]​ En algunas regiones las administraciones coloniales incorporaron a los jefes locales a su gobierno como asesores y funcionarios; en otras nombraron directamente a los notables.[161]​ Los colonizadores contaban además con una ventaja tecnológica, sobre todo en armamento, que les permitía imponer su dominio, y recurrieron al racismo para inculcar un sentimiento de inferioridad entre los colonizados.[161]

Consecuencias culturales y jurídicas

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Las potencias coloniales implantaron sistemas jurídicos nuevos, o modificaron los existentes, para facilitar el funcionamiento de una economía monetaria, mercantil y de propiedad privada de la tierra.[162]​ Promovieron asimismo su propia cultura y su lengua, que actuaron como elemento aglutinador del conjunto.[162]

Los pueblos indígenas ante el imperialismo

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Despojo territorial y lógica de eliminación

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El historiador australiano Patrick Wolfe sostiene que el colonialismo de poblamiento se organiza en torno a una lógica de eliminación de los pueblos originarios. Los colonos llegan para quedarse, de modo que la invasión constituye una estructura y no un acontecimiento puntual.[164]​ Esa lógica opera en dos direcciones: disuelve las sociedades nativas y, sobre la base territorial expropiada, levanta una sociedad colonial nueva.[164]​ La tierra ocupa el centro del proceso, porque la tierra es vida, y por ello las disputas por el territorio se convierten a menudo en disputas por la supervivencia.[164]

Matanzas y genocidios

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La eliminación abarca más que la liquidación sumaria de la población originaria, aunque también la incluye.[164]​ Wolfe señala que el genocidio se ha consumado mediante el asesinato masivo en las matanzas de frontera contra los pueblos indígenas.[164]​ Advierte, sin embargo, que el colonialismo de poblamiento no equivale sin más al genocidio: sus resultados genocidas no se manifestaron de forma uniforme en el tiempo ni en el espacio, y existe genocidio sin colonialismo de poblamiento.[164]

Entre los casos documentados figuran el genocidio herero y namaqua cometido por el África del Sudoeste Alemana en la actual Namibia, la limpieza étnica de los circasianos expulsados de sus tierras por el Imperio ruso, la matanza de pueblos indígenas siberianos durante la conquista rusa de Siberia y las atrocidades cometidas en el Estado Libre del Congo bajo la administración de Leopoldo II.

Asimilación forzosa y destrucción cultural

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La eliminación no adoptó siempre la forma del asesinato. Wolfe enumera entre sus manifestaciones el fomento oficial del mestizaje, la conversión de los títulos de propiedad nativos en parcelas individuales enajenables, la concesión de la ciudadanía, el secuestro de menores, la conversión religiosa y la resocialización en instituciones totales como las misiones y los internados escolares.[164]

Raphael Lemkin, que acuñó el concepto de genocidio, empleaba la expresión «genocidio cultural». Wolfe prefiere evitarla, porque a su juicio confunde la definición con el grado.[164]

Reacciones antiimperialistas

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Pensamiento anticolonial

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Desde América Latina, José Martí formuló en el siglo xix una visión integradora de la región frente a la fragmentación, la pobreza y la influencia de las potencias extranjeras. Defendió la creación de un partido político continental para la unidad latinoamericana y subrayó la necesidad de reforzar la identidad cultural propia.[165]​ Sus ideas anticolonialistas y antiimperialistas conservan vigencia en el debate sobre la colonización cultural.[165]

El descolonialismo latinoamericano ocupa un lugar destacado en la crítica al eurocentrismo dentro de las ciencias sociales y las humanidades.[166]​ El filósofo argentino-mexicano Enrique Dussel elaboró en ese marco la categoría de alteridad. En su obra temprana aparece ligada al lenguaje ético de Levinas; en su obra madura se desplaza hacia una reflexión económica y material dirigida a comprender históricamente la opresión y la exclusión de los países periféricos.[166]

El psiquiatra y escritor Frantz Fanon (1925-1961), nacido en Martinica bajo dominio colonial francés, figura entre los autores más influyentes del pensamiento atlántico negro durante la época de las luchas de liberación anticolonial.[167]​ Su aportación principal consistió en situar y describir con precisión al sujeto colonizado bajo la dominación colonial.[167]​ En Los condenados de la tierra (1961) se pregunta qué queda del humanismo si se lo separa del concepto europeo, atravesado por historias de violencia y sometimiento, y se lo reformula a partir de las luchas de liberación del Sur global. Sostiene además que las naciones surgidas de la violencia anticolonial no pueden ser duplicados ni imitaciones de los Estados europeos.[167]​ Fanon comparte ese planteamiento sobre el humanismo con el poeta martiniqués Aimé Césaire, autor del Discurso sobre el colonialismo (1955).[167]

El antiimperialismo se extendió ampliamente después de la Segunda Guerra Mundial y al comienzo de la Guerra Fría, cuando los movimientos políticos de las colonias de las potencias europeas promovieron la soberanía nacional. Algunos grupos antiimperialistas que se oponían a los Estados Unidos apoyaron el poder de la Unión Soviética, como ocurrió en el guevarismo, mientras que el maoísmo criticó esa postura y la calificó de imperialismo social.

El panafricanismo es un movimiento presente en África y en el mundo que surgió como reacción a las ideas imperiales que habían dividido a las naciones africanas y las habían enfrentado entre sí. El movimiento panafricano intentó revertir esas ideas mediante la unión de los africanos y la creación de un sentimiento de hermandad entre todos los pueblos africanos.[168]​ El movimiento panafricano contribuyó al final del colonialismo en África.

Los representantes reunidos en la Conferencia Panafricana de 1900 reclamaron reformas moderadas para las naciones africanas colonizadas.[169]​ La conferencia trató además la situación de las poblaciones africanas del Caribe y de los Estados Unidos y sus derechos. Se celebraron en total seis conferencias panafricanas, que permitieron a los pueblos africanos hacer oír su voz para acabar con el dominio colonial.

Memoria y conmemoración

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Conmemoración pública

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Las figuras de la expansión colonial siguen conmemoradas en las antiguas metrópolis mediante estatuas, nombres de calles y edificios, y colecciones museísticas. Desde mediados de la década de 2010, los debates sobre las persistencias y los legados coloniales han ganado visibilidad y alcance internacional.[170]​ El movimiento Rhodes Must Fall, iniciado en marzo de 2015 en la Universidad de Ciudad del Cabo con la demanda de retirar la estatua de Cecil Rhodes, constituye un ejemplo característico.[170]​ Las protestas contra estatuas de Rhodes y de otros colonizadores se extendieron con rapidez al Reino Unido y a la Europa continental.[170]

El debate sobre la memoria

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Ese fenómeno se apoya con frecuencia en el activismo cívico de base, que busca sacar a la luz las consecuencias del pasado colonial en el presente, y ha coincidido con demandas de descolonización del conocimiento, la enseñanza superior, los museos, los espacios públicos y los relatos históricos.[170]​ Frente a esas posiciones, otros autores sostienen que el balance histórico de los imperios incluye aportaciones que no deberían descartarse. Stephen Howe atribuye a algunos de los grandes imperios modernos virtudes «olvidadas con demasiada facilidad», entre ellas la estabilidad y el orden jurídico que proporcionaron a sus súbditos.[71]​ Herbert Lüthy sostiene por su parte que los propios pueblos excoloniales no muestran deseo alguno de deshacer los efectos básicos del proceso.[75]

Véase también

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Referencias

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Bibliografía

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Lectura adicional

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Enlaces externos

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Plantilla:Control de autoridades