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Fuego (elemento)

De Mexpedia
Archivo:Alchemical fire symbol (fixed width).svg
Símbolo alquímico del fuego (🜂). Representa el calor ascendente y la cualidad aristotélica «caliente y seca». Su base teórica proviene de Aristóteles (GC II, 3), aunque el triángulo gráfico fue introducido de forma anónima por alquimistas europeos hacia el siglo XV.

El elemento fuego (del latín focus),[1] junto con el agua, la tierra y el aire, es uno de los cuatro elementos de las cosmogonías tradicionales en Occidente, presente en todas las grandes religiones,[2][3] en la alquimia, en la astrología, en la filosofía esotérica y en la masonería. Es masculino, al igual que el elemento aire, frente a los elementos tierra y agua, que se consideran femeninos.[4]

Analogía Correspondencia del fuego
Representa energía, pasión, acción y purificación[5]
Cualidades físicas caliente y seco[6]
Sólido platónico el tetraedro, por su forma afilada, móvil y penetrante que imita las llamas[7]
Signos Aries, Leo y Sagitario, que conforman la triplicidad de fuego[8]
Humor y temperamento Bilis amarilla y temperamento colérico[9]
Microcosmos medieval la cólera y el calor vital o espíritu animado[10]
Sentido corporal la vista, por su relación con la luz[11]
Elemental la salamandra, criatura mitológica que habita y se nutre del fuego[12]
Función psicológica la intuición, caracterizada por la percepción directa, el dinamismo y el impulso espontáneo[13]
Proceso alquímico calcinatio, el uso del fuego seco para purificar y reducir la materia a cenizas[14]
Naturaleza intrínseca activo y masculino[15]
Estación y orientación el verano y el punto cardinal sur, asociados al máximo calor solar[16]
Imaginación poética la purificación violenta, la destrucción y la libido creadora[17]

Como símbolo solar

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Archivo:Fuego en la ceremonia de la cena del solsticio de invierno (Muy Resp.'. Gr.'. Log.'. Nacional Mexicana "Independencia No. 2").jpg
Fuego en la ceremonia de la cena del solsticio de invierno (Muy Resp.'. Gr.'. Log.'. Nacional Mexicana "Independencia No. 2")
Archivo:Fireworks closer view.ogv
Fuegos artificiales.

El fuego se representa en los jeroglíficos egipcios con el sentido solar de la llama, asociado a la idea de calor corporal como signo de salud y vida.[nota 1]

En la mayoría de los pueblos primitivos, el fuego es un demiurgo, hijo del Sol y su representante en la Tierra (de ahí que se asocie con rayos y relámpagos por una parte y por otra con el oro). El antropólogo James George Frazer recogió abundante documentación sobre ritos en los que hogueras, ascuas, antorchas y cenizas eran usados por considerarse benéficos para la agricultura, la ganadería y el propio ser humano.

Otras investigaciones antropológicas más recientes explican los festivales ígnicos,[nota 2] como ejemplos de magia imitativa para asegurar la provisión de luz y calor en el Sol o con fines purificatorios, por un lado, y de destrucción de las fuerzas del mal, por otro.[nota 3] En este simbolismo dual, el triunfo y vitalidad del Sol (espíritu del principio luminoso) sobre las tinieblas, exige la purificación como sacrificio necesario para asegurar la victoria.

Zoroastrismo y fuegos sagrados

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Se atribuye a antiguas religiones iranias la concepción del fuego como portador de sacrificios, al consumir a las víctimas inmoladas y elevarlas así hasta las moradas celestiales. Tenía también el sentido inverso, como mensajero enviado por los dioses a los seres humanos. El zoroastrismo heredó este modelo de culto religioso y le añadió significados morales: «El fuego, según la enseñanza del Profeta (Zoroastro), es símbolo de justicia».[2]

Siguiendo este hilo doctrinal-filosófico, se diferenciaron tres grados distintos de fuego sagrado:

  • Atash Bahram, fuego superior, consagrado por otros dieciséis fuegos, incluido el encendido por el rayo. Hay dos Atash Bahram en Irán y ocho en la India. Ha de arder siempre y su ritual está muy elaborado.
  • Atash-Adaran, fuego menor, atendido por sacerdotes pero con rituales más sencillos.
  • Dadgah, fuego menor, consagrado por sacerdotes pero opcionalmente atendido por laicos.

En Occidente

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Archivo:Stromboli Eruption.jpg
Erupción del volcán Estrómboli (Italia), en 1980.

Tomando algunos aspectos iconográficos de la cábala, el cristianismo identifica el elemento fuego con el arcángel Miguel y el evangelista San Marcos (con su animal simbólico de fuego: el león).

En la mitología clásica

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Archivo:Heinrich fueger 1817 prometheus brings fire to mankind.jpg
Heinrich Friedrich Füger: Prometeo (1817).

La tradición clásica propuso dos modelos en el simbolismo del fuego: Vulcano y Prometeo. El primero, arrimado a su fragua, personifica el fuego físico que permitirá a la humanidad resolver sus problemas prácticos; Prometeo, por su parte, en su antorcha encendida en las ruedas del carro del Sol, transporta el fuego celestial que Panofsky definió como «claridad del conocimiento infundida en el corazón del ignorante».[2]

Roma, ciudad con vocación de gestión universal, institucionalizó ya en un primer ensayo de custodia de lo sagrado, el ministerio vestal, una de cuyas principales tareas era preservar el fuego para el bien de la comunidad. El corporativismo matriarcal ha cambiado con la organización de la Iglesia católica, pero la ciudad sigue siendo la misma.[18]

Heráclito y los alquimistas

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La definición del fuego por Heráclito como agente de destrucción y renovación, contenida ya en los puranas del hinduismo y en el Apocalipsis,[19] fue recogida por los alquimistas, en su sentido filosófico y mágico de agente de transformación («todas las cosas nacen del fuego y a él vuelven») y de germen que se reproduce en las vidas sucesivas (asociado así a la libido y a la fecundidad).[3] Paralelamente, ese simbolismo de transformación y regeneración es común con el elemento agua.

Paracelso, Bachelard y Eliade

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En el siglo XVI, Paracelso estableció ya la identidad del fuego con la vida, por la necesidad de ambos de consumir vidas ajenas para alimentarse. De ahí la esencia ultraviviente del fuego.[20] El dualismo situacional del hombre ante las cosas,[nota 4] y la idea alquímica de que «el fuego es un elemento que actúa en el centro de toda cosa» como factor de unificación y de fijación, recordada en su día por Gaston Bachelard, son los carriles por los que se desliza el tiempo hacia su final.

Los filósofos de Asia Menor y los «modernos» epistemólogos de la revolución psicoanalítica coinciden en que el fuego es la imagen arquetipo de lo fenoménico en sí.[21] Dicho en palabras de Eliade: «atravesar el fuego es símbolo de trascender la condición humana».[22]

Los ejes de Schneider

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Por su parte, el musicólogo alemán Marius Schneider, diferenció dos formas de fuego en virtud de su dirección o intencionalidad: el fuego del «eje fuego-tierra» (erótico, calor, solar, energía física), y el del «eje fuego-aire» (místico, purificador, sublimador, energía espiritual), identificándose este último con el simbolismo de la espada: destrucción física, decisión psíquica.[23] En conclusión, el fuego, como imagen energética, puede hallarse al nivel de la pasión animal o al de la fuerza espiritual.[20]

Simbolismos pictóricos

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Incontables serían los pequeños y grandes homenajes que la pintura europea le ha dedicado al fuego, su filosofía y sus simbolismos. En una galería no representativa, figuran aquí los ejemplos de la salamandra, Giuseppe Arcimboldo y Jan Lievens.

Véase también

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  1. En las culturas ancestrales chinas, el Chang, una tableta de jade rojo, se continúa empleando en los ritos solares y simboliza el elemento fuego.
  2. Festivales ígnicos tradicionales se consideran las hogueras de San Juan, los fuegos artificiales y el árbol iluminado de Navidad.
  3. Cirlot (p. 209) cita como fuentes de estas deducciones, además de a Frazer, en La rama dorada, a Wilhelm Mannhardt, Eugenio Mogk y Eduardo Westermack.
  4. «Tomar el fuego o darse a él», disyuntiva que ya aparece en el mito de Prometeo y en Empédocles.

Referencias

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  1. ASALE, RAE-. «fuego | Diccionario de la lengua española». «Diccionario de la lengua española» - Edición del Tricentenario. Consultado el 24 de julio de 2026. 
  2. 2,0 2,1 2,2 Federico Revilla, Diccionario de iconografía, p. 163.
  3. 3,0 3,1 Juan Eduardo Cirlot, Diccionario de símbolos, p. 209.
  4. Bachelard, 1966, pp. 14 y ss..
  5. Juan Eduardo Cirlot: Diccionario de símbolos. Ediciones Siruela, 2018. pp. 218-220
  6. Aristóteles: Acerca de la generación y la corrupción. Editorial Gredos, 1995
  7. Platón: Timeo. Editorial Gredos, 1992. 56a
  8. Stephen Arroyo: Astrología, psicología y los cuatro elementos. Editorial Kier, 2003. pp. 95-102
  9. Hipócrates: Sobre la naturaleza del hombre. Editorial Gredos, 2003
  10. Isidoro de Sevilla: Etimologías. BAC, 1982. Libro IV
  11. Aristóteles: De Anima. Editorial Gredos, 1978. Libro II, Cap. 7
  12. Paracelso: Libro de las ninfas, los silfos, los pigmeos, las salamandras y los demás espíritus. Obelisco, 2007
  13. Carl Gustav Jung: Tipos psicológicos. Editorial Trotta, 2013
  14. Edinger, Edward F.: Anatomía de la psique: Simbolismo alquímico en psicoterapia. Editorial Kier, 1995. pp. 32-35
  15. Martin Ruland: Lexicon Alchemiae, 161
  16. William Lilly: Astrología cristiana. Ediciones Obelisco, 2005
  17. Gaston Bachelard: El psicoanálisis del fuego. Alianza Editorial, 1966
  18. VV.AA. (1993). Historia de las mujeres. Madrid: Editorial Taurus. ISBN 84-306-0388-3. 
  19. Cirlot (p. 209) citando a René Guénon: El esoterismo de Dante. París (1949). Editorial Paidós en 2005. ISBN 978-84-493-1784-2.
  20. 20,0 20,1 Juan Eduardo Cirlot, Diccionario de símbolos, p. 210.
  21. Gaston Bachelard, Psicoanálisis del fuego
  22. Eliade, Mircea (2001). Mitos, sueños y misterios. Editorial Kairós. ISBN 978-84-7245-487-3. 
  23. Schneider, Marius (1998). El origen musical de los animales-símbolos en la mitología y la escultura antiguas: ensayo histórico-etnográfico sobre la subestructura totemística y megalítica de las altas culturas y su supervivencia en el folklore español. Publicado en español. Colección El Árbol del Paraíso 12. 1ª ed., 2ª imp. Madrid: Ediciones Siruela. ISBN 978-84-7844-368-0. 

Bibliografía

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