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Castro del Raso

De Mexpedia
Castro del Raso
Archivo:Detalle de la muralla del Castro Celta El Raso.jpg
Localización
País EspañaBandera de España España
Comunidad Castilla y LeónArchivo:Flag of Castile and León.svg Castilla y León
Provincia ÁvilaArchivo:Bandera de la provincia de Ávila.svg Ávila
Localidad El Raso, Candeleda
Datos generales
Categoría Zona arqueológica
Código RI-55-0000396
Declaración 29/04/1994
Construcción Siglo III a. C. - siglo I a. C.
Estilo Castro
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El castro de El Raso es un asentamiento vetón situado en el municipio de Candeleda (Ávila, España), concretamente en una zona denominada El Freíllo, próxima a la pedanía de El Raso. Consta de varios recintos amurallados distribuidos en al menos tres zonas próximas entre sí, abarcando una superficie total de unas 20 ha. Parte de los hallazgos arqueológicos encontrados se encuentran en el Museo de Ávila, constituyendo lo que se denomina el tesorillo de El Raso, compuesto por algunas piezas y monedas de plata.

En el castro se ha rehabilitado dos de las viviendas para dar cobijo a un centro de interpretación que ofrece información sobre el yacimiento.

Aunque hay hallazgos anteriores en la zona, no se encuentran pruebas de una población estable en El Raso hasta finales de la Edad del Bronce. En sus alrededores se han encontrado objetos relacionados con poblaciones anteriores,[1] pero no en lo que podemos considerar propiamente como El Raso, sino más bien en las inmediaciones del río Tiétar. Por tanto, se pueden considerar los inicios reales del yacimiento en la última etapa de la Edad del Bronce y su posible emplazamiento en un lugar alto de la sierra, donde se extiende una amplia campa protegida por una empalizada, hoy oculta en el terreno, pero cuya alineación, que sigue en gran parte la misma curva de nivel, se evidencia incluso en superficie. En su interior se encontraron restos de cerámicas datadas de una etapa anterior a la de la Edad del Hierro.[2]

Al tratar de identificar el poblado de El Raso con alguno de los pueblos cuyos nombres nos transmitieron los romanos, según Fernández Gómez,[2] cabe la posibilidad de identificarlo con la antigua ciudad de Ebora, la Ebora de los carpetanos, que decían los romanos, quizá por hallarse en el límite entre carpetanos y vettones y por pensar que pertenecía a aquellos.[2] Pero es ciudad, y topónimo, con el que sin duda está relacionada esta, donde está constatado un antropónimo Ebureinius, de la misma raíz, por tanto, que aquélla, y donde existen numerosas referencias a un dios, V(a)elico, que puede identificarse con el Endo-velico atestiguado en la Evora portuguesa, en cada una de las ciudades con un santuario que acabaría cristianizándose y llegando hasta nuestros días.[2] Es una ciudad, además, a la que los romanos consideraban como un oppidum, y cerca de él establecieron, según Livio (Libro XL 40,30,3), un campamento para mejor controlarlos. Y frente a El Raso se encuentra, en las proximidades del Tiétar, un yacimiento asentado sobre un cerro, cubierto por completo de maleza que oculta los restos arqueológicos, pero en el que son frecuentes los ladrillos, que no son ciertamente indígenas y sí podrían ser romanos.[2]

De las gentes que se entierran en la gran necrópolis de El Raso no se conoce el poblado. Se conoce la ubicación donde estuvo, pero no se han hecho apenas excavaciones. Sólo algunos sondeos para constatar su existencia y la contemporaneidad de sus materiales con los de la extensa necrópolis, no habiendo evidencias ni de cómo eran sus casas ni de cómo era su poblado. Tan sólo que muy probablemente acabó su vida con un gran incendio que parece cubrirlo por completo, al menos en la zona donde se realizó la cata, la zona llamada "El Castañar".[2]

Se cree que no fue un incendio fortuito, pues de haber sido así el nuevo poblado se hubiera reedificado en el mismo sitio o en un lugar próximo. Sin embargo, cuando se reedificó, se haizo en un lugar apartado, incrustado en la sierra, sobre una colina fácilmente defendible, siendo una muralla lo primero que erigieron sus constructores, que estaba reforzada con numerosos torreones, un par de fortines en la parte más alta, un ancho foso, que en los lugares más vulnerables se multiplicaba, y seguramente, aunque en la actualidad no sea posible su constatación, un campo de "piedras hincadas" para impedir la aproximación en tromba al poblado, sobre todo por medio de la caballería. El esmero y cuidado que se pusieron en defender al nuevo poblado son muestra de que el anterior asentamiento fue destruido por lo que parece ser un enemigo poderoso del que había que defenderse. Los cartagineses son el enemigo más plausible que cumple estas condiciones en la época aproximada en que arqueológicamente puede situarse esa destrucción. Estos solían realizar incursiones hacia el interior de la Meseta en busca de hombres y medios para la guerra que Aníbal preparaba contra los romanos.[2]

Es probable que en la construcción del nuevo asentamiento fortificado participaron no sólo los habitantes del antiguo poblado incendiado, sino también los de otros vecinos, quizá ni siquiera de la magnitud de un poblado, sino simples núcleos de población dispersos por los alrededores que comprenden la necesidad de unirse y protegerse contra los invasores, siendo este un proceso que se prolongó en el tiempo durante bastantes años.[2]

Descripción

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Situado en un paraje montañoso, rodeado por la sierra de Gredos y con vistas al cercanísimo pico Almanzor, dominando la vega del río Tiétar. Al ser estas montañas de clima húmedo, prosperan los helechos y los robles. Aunque estos últimos no sean tan predominantes como en épocas anteriores, todavía hay un número considerable de ellos. Su excepcional situación sobre la garganta de Alardos no sólo lo hace un lugar de gran belleza, sino también estratégico y fácil de defender. Pertenece al término de Candeleda, al que se accede por un desvío de la C-501.

Archivo:Pieza de diadema de la tumba 78. El Raso, Candeleda..JPG
Pieza de diadema de la tumba 78. Museo de Ávila

Se trata de un castro vetón de la Edad del Hierro que ocupa una destacada posición sobre la garganta de Alardos que le sirve de foso, su parte alta está totalmente protegida por un fortín y hacia la llanura conserva restos de una muralla. Esta estratégica posición permitía controlar la parte baja y los accesos a los pastos de la Sierra de Gredos.

Ocupado desde finales del siglo III a. C. hasta mediados del siglo I a. C., momento en que se abandona de forma forzosa,debido a la conquista romana y la práctica pacificación de la Meseta.[2] A partir de este momento, la mayor parte del poblado es destruido y sus murallas inhabilitadas por los romanos, lo que hace que sus habitantes se vean obligados a trasladarse a las zonas llanas del valle, dando lugar al progresivo abandono del lugar.[2] Se trata de una construcción ex novo, ya que se ha localizado un poblado anterior, en llano y sin murallas, en una zona cercana, El Castañar, que fue destruido. Con este poblado se relaciona la necrópolis hallada, cuya cronología abarca desde el siglo V a. C. hasta el siglo III a. C. La necrópolis del asentamiento fortificado no se ha localizado, puesto que no se han encontrado restos que estén en relación cronológica con él, pues nada hay en la necrópolis del poblado que sea tan moderno como lo más antiguo del poblado.[2] Se calcula que pudieron ser alrededor de 3000 personas las que vivieron en ese poblado en un período de unos dos siglos, no menos de 6 generaciones, por lo que se estima que deberían haberse encontrado alrededor de 18000 tumbas.[2] La opción más plausible parece un cambio en los ritos funerarios, debido al clima de guerra e inseguridad, impuesto a su vez por la necesidad de reaprovechar armas y ajuares, lo que pudo llevar a sustituir las incineraciones por la deposición de cadáveres al aire libre. [2]

Excavado desde los años 70 por F. Fernández Gómez, posee una muralla de 2 km de perímetro, con una anchura media de 2-3 m, torres de refuerzo y bastiones. Delante de ella se localiza un amplio foso, y se especula con la existencia de una rampa de piedras hincadas. En el interior se excavaron cuatro sectores, que evidencia una amplia densidad ocupacional y la carencia de organización urbana, ya que los trazados de las calles son irregulares. Sin embargo, la planta de algunas casas se inspira en modelos helenísticos, con un hogar central, con banco corrido, en torno al que se distribuyen el resto de las estancias, y un porche en la entrada, con un pequeño corral para animales.

En el exterior del poblado se encuentra el santuario de Postoloboso, dedicado al dios Vaelico, relacionado con el lobo —que debió ser abundante por estos lugares—.

Archivo:Casas de El Raso.jpg
Casas excavadas en el castro del paraje del Freíllo en El Raso de Candeleda

Referencias

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  1. Fernández Gómez, de la Sierra Fernández, López Fernández, Fernando, Juan Alonso, María Teresa (2009). «Evolución y cronología de El Raso (Candeleda, Ávila)». Zephyrus: Revista de prehistoria y arqueología,. Consultado el 15 de mayo de 2026. 
  2. 2,00 2,01 2,02 2,03 2,04 2,05 2,06 2,07 2,08 2,09 2,10 2,11 2,12 Fernández Gómez, Fernando (1997). «Problemas arqueológicos del yacimiento de El Raso de Candeleda (Ávila)». Trasierra. Consultado el 15 de mayo de 2026. 

Enlaces externos

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