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Arte de la antigua Roma

De Mexpedia
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Archivo:Statue-Augustus.jpg
Augusto de Prima Porta.

El arte de la antigua Roma lo componen todas aquellas manifestaciones de las artes visuales que fueron exportadas a los distintos territorios del Imperio romano. Las primeras manifestaciones surgieron bajo el influjo del arte etrusco y fueron después influenciadas por el arte griego, que los romanos conocieron en las colonias de la Magna Grecia, ubicadas en el sur de Italia y que conquistaron en el proceso de unificación territorial de la península durante los siglos IV y III a. C. La influencia griega se acrecienta cuando, en el siglo II a. C., los romanos ocupan Macedonia y Grecia.

Hasta cierto punto podría pensarse que el arte de Roma es una imitación y ampliación del arte griego, pero la Roma conquistadora y urbanista trató de unir al sentido estético griego, el carácter utilitario y funcional que sus obras requerían. El arte romano es un arte práctico y útil, fuertemente influido por el carácter austero de sus ejércitos. Si Grecia buscó la belleza, Roma buscó la utilidad en sus obras.[1]

Desde el punto de vista cronológico, el arte romano se desarrolló con bastante homogeneidad y autonomía desde el siglo II a. C. hasta el siglo IV, cuando se produjeron las invasiones bárbaras. Siguiendo las etapas que su devenir histórico marca, destacan al menos la República, hasta el año 27 a. C., y el Imperio, que se extendió desde los tiempos de Augusto hasta la caída de Roma en manos de los bárbaros en el año 476.

A causa del profundo centralismo ejercido por Roma sobre sus provincias en todos los aspectos de la vida, se originó un arte muy uniforme sin que pueda hablarse de escuelas provinciales, al menos durante la época imperial. No obstante, dada la amplitud del Imperio y su constitución en diferentes momentos, no existe una contemporaneidad cronológica, pues en las zonas orientales donde el arte helenístico está más consolidado sus formas artísticas están mucho más evolucionadas que en las provincias occidentales más tardíamente incorporadas a la cultura romana.

Dos grandes bases culturales: Etruria y Grecia

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Desde el principio del arte romano pueden apreciarse las contribuciones más relevantes de dos grandes bases culturales: Etruria y Grecia. Por un lado, Grecia aportó la técnica de su escultura y la creación de sus órdenes arquitectónicos. Por otro lado, Etruria imprimió el gusto por el retrato, el culto a los antepasados y las máscaras funerarias, que fueron el punto de partida de la retratística romana. De Etruria también se heredaron rasgos técnicos, como la depurada técnica de la escultura en bronce o la utilización del arco de medio punto, que se convirtió en un elemento fundamental de la arquitectura romana.[2]

Esquema de las artes en la antigua Roma

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La Monarquía romana, República romana e Imperio romano, cubren el periodo desde el siglo VIII a. C. al V d. C. Se localiza primero en el Lacio (Italia Central), y se acabará extendiendo por toda la Cuenca del Mediterráneo (Mare Nostrum).

En el periodo anterior a la recepción de la cultura helenística (siglo III a. C.) se desarrolla un arte latino emparentado con otros pueblos itálicos (sabinos y sobre todo etruscos), por ejemplo, la Loba capitolina .

El período clásico del arte romano dura hasta el triunfo del cristianismo (siglo IV). Asimila y desarrolla la cultura griega (órdenes arquitectónicos, diseño de los templos, concepción escultórica), incorporándole características propias, tanto en materiales de construcción (mortero, cemento y hormigón romanos) como en elementos arquitectónicos (el arco -Arco de triunfo- y la bóveda, orden toscano y orden compuesto, principio de superposición de órdenes) y formas escultóricas (el retrato romano -exigido por el culto a los antepasados y la propaganda política, y que permite datar la evolución estilística y de la moda, sobre todo en la expresión y el peinado- ya el relieve romano, caracterizado por la búsqueda de la profundidad y la perspectiva) y pictóricas (los estilos pompeyanos, decorativos, narrativos o procurando el trampantojo).

Arquitectura

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Archivo:Ancient Roman theatre in Mérida 2023.jpg
Teatro romano de Mérida, inaugurado en 16-15 a. C. (patrimonio de la Humanidad (PH), 1993)
Archivo:France-002364 - Square House (15867600545).jpg
Maison Carrée en Nimes (?-16 a. C.), templo consagrado al culto imperial (PH, 2023)
Archivo:Le Théâtre Antique d'Orange, 2007.jpg
Teatro romano de Orange, construido bajo César Augusto en el siglo I, uno de los mejor conservados que aun tiene la fachada escénica original (103 m de largo por 37 m de alto) PH, 1981)
Archivo:Puente Romano Cordoba.jpg
Puente romano de Córdoba sobre el Guadalquivir, de tiempos de Augusto (27 a. C.-14 d. C.) (PH, 1994)
Archivo:Aqueduct of Segovia 02.jpg
Acueducto de Segovia (siglo II), fin de Trajano o principios de Adriano, uno de los mejor conservados (PH, 1985)
Archivo:Anfiteatro, El Jem, Túnez, 2016-09-04, DD 55-66 HDR PAN.jpg
Anfiteatro de El Djem (aprox. 238 d. C.), con un aforo de 35000 espectadores, era el tercer mayor anfiteatro del Imperio y único en África (PH, 1979)

La arquitectura de la antigua Roma (en latín, Architectura Romana [antiquitas]) corresponde al arte de diseñar espacios y construir edificios que se desarrolló en la época de la Antigua Roma, desde el establecimiento de la República (509 a. C.) hasta aproximadamente el siglo IV d. C., cuando fue sucedida por la arquitectura tardía antigua o bizantina. Fue en el ámbito de la arquitectura donde el arte romano produjo sus mayores logros —entre el 40 a. C. y 230 d. C., antes de la crisis del siglo III, cuando se redujo la riqueza y el poder del gobierno central— reflejando su gusto por lo colosal y magnificente, al tiempo que un acusado sentido práctico y utilitario. Su arquitectura adoptó aspectos del lenguaje externo de la arquitectura griega antigua —tanto directa como indirectamente, a través del contacto con la Magna Grecia— y el uso de técnicas etruscas, aunque luego se distanciaron de las influencias helenísticas. Así, sus monumentos reflejaban la estética de los edificios griegos, con el uso de órdenes clásicos y del mármol, combinados con técnicas etruscas, como su experiencia en ingeniería hidráulica (sistemas de alcantarillado, fuentes, túneles, puentes). El estilo romano siguió influyendo en la arquitectura durante muchos siglos y algunos de sus grandiosos edificios sirvieron de inspiración y modelo a arquitectos renacentistas, como Brunelleschi. Curiosamente, el nombre dado en el siglo XIX al estilo utilizado en Europa a partir del año 1000, fue románico, por referencia a las formas romanas de aquel tiempo.

Durante la época republicana, los romanos aún combinaban elementos griegos y etruscos, aunque dieron lugar a innovaciones como el templo circular y el arco de medio punto.[3] Con el auge de su poder, los primeros emperadores impulsaron la demolición masiva de barrios marginales en la capital para construir grandiosos palacios en la colina del Palatino y sus alrededores. El Imperio romano abarcaba ya una vasta área e incluía numerosas zonas urbanizadas —algunas con alta densidad de población y problemas de salud pública— y eso obligó a sus arquitectos e ingenieros a explorar nuevos métodos para la construcción de ciudades a gran escala. Los romanos comenzaron a ser originales al comienzo del período imperial, después de que combinaron aspectos etruscos con otros tomados de Grecia, pasando de una construcción basada principalmente en columnas y dinteles a una basada en paredes masivas, puntuadas por arcos y cúpulas. Los órdenes se volvieron más decorativos que estructurales, excepto en las columnatas, y se desarrollaron otros nuevos, como el toscano y el compuesto; el primero, una variante abreviada y simplificada del orden dórico, y el segundo, un orden elevado con la decoración floral del corintio y las volutas del jónico.

Se erigieron entonces nuevos grandes edificios en torno al foro, el conjunto comercial, político y social capitalino —el primero fue el foro de César, al que se añadieron luego otros, siendo el Foro Romano el más famoso— y en su extremo se terminó de construir alrededor del año 80 d. C.el Coliseo, la mayor arena del mundo romano. Con capacidad para más de 50 000 espectadores, contaba con toldos retráctiles para dar sombra y permitía la celebración de espectáculos multitudinarios, incluyendo grandes combates de gladiadores y simulacros de batallas navales. Esta obra maestra de la arquitectura romana personifica la eficiencia de su ingeniería e incorpora los tres órdenes arquitectónicos: dórico, jónico y corintio.[4]

El uso nuevo de algunas tecnologías estructurales —arcos de medio punto, arcadas, bóvedas y cúpulas— junto con la aparición de nuevos materiales de construcción, permitió a los romanos crear edificaciones monumentales para uso público, que debían ser imponentes para captar la atención y también prácticas y funcionales, con nuevo tipos como las termas, el anfiteatro, el circo, la basílica, la villa y la ínsula o manzana de cinco pisos, el equivalente de un edificio de apartamentos, que permitió alojar a decenas de miles de romanos.[5] Estos nuevos tipos de edificios se construyeron a gran escala en Roma y se replicaron a menor escala en las ciudades del Imperio. Si bien el hormigón se había inventado mil años antes en el Cercano Oriente, los romanos extendieron su uso desde las fortificaciones hasta los monumentos, aprovechando su resistencia y el bajo costo del material.[6] Edificios como el Panteón y el Coliseo jamás habrían podido construirse con los materiales y métodos anteriores. El núcleo de hormigón se recubría con yeso, ladrillo, piedra o mármol, y a menudo se añadían esculturas decorativas policromadas y doradas para producir un efecto deslumbrante de poder y riqueza.[7] Gracias a estos métodos, la arquitectura romana es legendaria por la durabilidad de sus construcciones; muchos edificios aún se conservan —casi ninguno anterior al año 5 a. C. y los más importantes del año 50 en adelante—, y algunos siguen en uso, aunque en su mayoría fueron convertidos en iglesias durante la era cristiana. Muchas ruinas, sin embargo, han perdido su revestimiento de mármol, dejando al descubierto su núcleo de hormigón, lo que les confiere una apariencia algo reducida en tamaño y magnificencia respecto a su aspecto original, como es el caso de la basílica de Constantino.[8]

Fue durante los reinados de Trajano (r. 98-117 d. C.) y Adriano (r. 117-138), cuando el Imperio alcanzó su máxima extensión y Roma se encontraba en la cima de su gloria artística, lograda mediante ambiciosos programas de construcción de monumentos, casas de reunión, jardines, acueductos, termas, palacios, pabellones y templos.[9] Son ejemplos sobresalientes de esta «Edad de Oro» imperial el Panteón, las Termas de Diocleciano y las Termas de Caracalla. El Panteón (dedicado a todos los dioses planetarios) es el templo mejor conservado de la antigüedad, con un techo intacto que presenta un «ojo» abierto en el centro. La altura del techo es exactamente igual al radio interior del edificio, creando un recinto hemisférico.[8] En la época de Constantino (r. 306-337 d. C.), se llevaron a cabo los últimos grandes programas de construcción en Roma, incluyendo la erección del Arco de Constantino, edificado cerca del Coliseo, que reutilizó piedra del foro cercano, creando una mezcla ecléctica de estilos.[10]

En resumen, los romanos realizaron grandes obras de ingeniería civil —calzadas, puentes (puente de Alcántara), acueductos esenciales para el suministro de agua a las grandes áreas urbana (Pont du Gard, acueducto de Segovia)—, construyeron monumentales lugares públicos —foros, grandes complejos termales (termas de Caracalla), basílicas, anfiteatros (anfiteatro de Capua, Coliseo, anfiteatro de El Djem), teatros (teatro Marcelo), circos (circo Máximo)— y muchos templos (Templo de Vesta, Maison Carrée, Panteón de Agripa).[4] En la arquitectura civil crearon nuevas tipos: la basílica, el palacio (Domus Aurea de Nerón, construcción original del Palacio de Letrán, luego convertido en residencia papal), la villa (Villa romana del Casale), con su versión de villa imperial (Villa Jovis o de Tiberio en Capri, Villa Adriana) y la casa romana, particularmente la domus). También fueron responsables de desarrollos significativos en la vivienda y la higiene pública, por ejemplo, sus baños y letrinas públicos y privados, tenían calefacción por suelo radiante en forma de hipocausto, acristalamientos de mica (ejemplos en Ostia Antica), y agua caliente y fría entubada (ejemplos en Pompeya y Ostia, etc.).

Archivo:Cubiculum (bedroom) from the Villa of P. Fannius Synistor at Boscoreale MET DP170950 b.jpg
Mural de la casa de Publio Fanio Sinistor en Boscoreale (Segundo estilo)
Archivo:Meister der Aldobrandinischen Hochzeit 001.jpg
Detalle de las Bodas aldobrandinas en Roma: una joven novia es consolada y sostenida por Venus. (época augustea, siglo I a. C.)
Archivo:Battle of Issus mosaic - Museo Archeologico Nazionale - Naples 2013-05-16 16-25-06 BW.jpg
Mosaico de la batalla de Isos, Casa del Fauno, Pompeya.
Archivo:Necropoli dell' esquilino - fresco.jpg
Fresco de la Tumba de Esquilino, c. 300-280 a. C.
Archivo:Galla Placidia (rechts) und ihre Kinder.jpg
Retrato en vidrio dorado, siglo IV.

La pintura en la antigua Roma es un aspecto poco conocido del arte romano, ya que se conservan pocos ejemplos, principalmente pinturas murales de Pompeya, Herculano y otros yacimientos sepultados por la erupción del Vesubio en el año 79 d. C., donde muchas pinturas decorativas se conservaron bajo las cenizas y la lava solidificada. Un número menor de pinturas se conserva de otras zonas, incluida la propia Roma. El estudio de las pinturas conservadas ha permitido reconstruir un panorama de la vida artística de la antigua Roma entre el final de la República y el comienzo del Imperio. Sin embargo, este conjunto de obras representa solo una pequeña fracción de la gran cantidad de pintura se supone producida en el Imperio romano a lo largo de su dilatada historia, y se observa una falta de restos significativos de periodos anteriores y posteriores, especialmente en técnicas distintas al fresco y en regiones romanizadas fuera de Campania.[11]

Los antiguos romanos admiraban la pintura griega tanto como la escultura, y animaban a los artistas que trabajaban para ellos a hacer copias de obras griegas, especialmente de las famosas o populares. Los romanos tendían más que los griegos a decorar sus paredes con pinturas murales, y aunque sigueron la tradición griega, en sus pinturas mostraron un gran colorido y movimiento. Las pinturas, con figuras individuales, grupos o paneles enteros, se reproducían, se adaptaban, estropeaban o embellecían según el talento de los artistas y las exigencias del cliente.

Los procedimientos usados en esta pintura debieron ser el encausto, el temple y el fresco. Aunque se sabe que los romanos desarrollaron la pintura sobre tabla, los restos pictóricos conocidos más importantes son de tipo mural, frescos protegidos con una capa de cera que avivaba los colores.

Sus principales géneros, fueron el decorativo, en vajillas y muros, y el histórico y mitológico, en los cuadros murales. Y aunque los descubiertos hasta el presente ofrecen más que todo un carácter decorativo llegan a ser verdaderas composiciones pictóricas y se juzga con fundamento que hubo también otros de pintura independiente a semejanza de los actuales de tabla o de caballete. Se cultivaron con dicho carácter decorativo mural el paisaje, la caricatura, el retrato, los cuadros de costumbres, las imitaciones arquitectónicas y las combinaciones fantásticas de objetos naturales constituyendo con estas últimas el género que los artistas del Renacimiento llamaron grutesco, hallado en las antiguas Termas de Tito en Roma y que sirvió al célebre Rafael como fuente de inspiración para decorar las Logias del Palacio Apostólico Vaticano. Hay que citar los retratos pintados. En el Egipto romano se descubrió una excelente colección de retratos sobre tabla, realizados para ser colocados sobre las momias. Igualmente en Pompeya se descubrieron, pintados al fresco, magníficos retratos como los del Panadero y su esposa, o el de una muchacha, ambos en el Museo de Nápoles.

El arte pictórico romano también destacó también en la confección de mosaicos: aunque en general, eran usados sobre todo para suelos,ya que hasta la época bizantina no sustituyeron a los frescos en los muros. También en época romana se encuentra el mosaico extendido a cuadros pensiles según revelan algunos ejemplares que se guardan en los museos y abrazando, en uno y otro caso, asuntos y composiciones históricas. Se usaba para decorar interiores. Siguen utilizando el opus tesselatum de origen griego, aportando como novedad el opus sectile.

La miniatura sobre pergamino fue otro género que estuvo muy en boga entre los bibliófilos romanos de la época de Augusto, pero de ella no se han descubierto ni se conservan ejemplares anteriores al siglo III. La cerámica hispanorromana carece de figuras pintadas y solo las presenta en relieve y sin color distinto del fondo como puede observarse en los llamados barros saguntinos.

Los principales ejemplos de pintura greco-romana que se conservan se han extraído, como ya se mencionado, de las ruinas de Herculano, Pompeya, y en menor medida de Estabia, arrasadas por el Vesubio y son pinturas murales de casas particulares y edificios públicos. También hay buenos ejemplos en el Palatino de Roma y en las necrópolis de El-Fayun, en Egipto, además de los mosaicos descubiertos en numerosas ciudades que fueron romanas. En el Egipto romano se han encontrado numerosos retratos sobre tabla.

El Museo de Nápoles, centro principal de estudio para el arte romano, conserva más de mil fragmentos de pintura al fresco, arrancados de los muros de Herculano y Pompeya. Entre los más famosos cuadros murales de este arte greco-romano se cuentan:

  • Las bodas aldobrandinas (Museos Vaticanos)
  • Paris juzgando a las tres Diosas
  • Ío liberada por Hermes
  • Ceres en su trono (de Pompeya, hoy en el Museo de Nápoles)

Entre los mosaicos, el de la Batalla de Issos, en el referido museo napolitano con otros muchos. En cuanto a miniaturas, las más célebres y de las más antiguas de sabor pagano son

  • los fragmentos de una Ilíada del siglo III en la Biblioteca Ambrosiana de Milán
  • las cincuenta viñetas de Virgilio de la Biblioteca Apostólica Vaticana que datan del siglo IV} al V.

Romanizada la pintura griega, tomó un carácter propio según puede verse en las decoraciones murales de Pompeya que constituyen el llamado estilo pompeyano. Se distingue este por la delicadeza, gracia y fantasía del dibujo, sobre todo, en vegetales estilizados, por la viveza del colorido por el realismo y la voluptuosidad en las figuras y por cierto contraste de colores y luces tal que aproxima el estilo al de la escuela impresionista moderna. Todo ello, aunque no sale del género decorativo, refleja el espíritu de una sociedad bulliciosa, elegante, frívola y voluptuosa.

Escultura

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Ara Pacis, con relieves en mármol esculpidos entre el 13 y 9 a. C. que celebran la paz y la prosperidad traídas por Augusto (Museo del Ara Pacis)
Archivo:Trajan's Column, Rome - 51982313196.jpg
Detalle de escenas de combate de la Columna de Trajano (114 d. C.) conmemorando las guerras dacias, friso escultórico en espiral en mármol de unos 200 m de longitud (Parque Arqueológico del Coliseo, Roma)
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Estatua ecuestre de Marco Aurelio 176 d. C., fundida en bronce, prototipo del monumento imperial Museos Capitolinos
Archivo:Sarcofago dio portonaccio, 03.JPG
Sarcófago de Portonaccio (c. 180-190) , mostrando escenas de batallas inspiradas en la campaña de Marco Aurelio contra los germanos Museo Nacional Romano.

La escultura de Roma se desarrolló en toda la zona de este país de influencia romana, con su foco central en Roma, entre el siglo VI a. C. y V d. C.[12] El origen derivó de la escultura griega, principalmente a través de la herencia de la escultura etrusca, y luego directamente, por contacto con las colonias de la Magna Grecia y la propia Grecia, durante el periodo helenístico.[12][13]

El retrato, género que consiguió un gran prestigio y que dejó ejemplos singulares de gran técnica y de alta expresividad, la escultura decorativa de los grandes monumentos públicos, se convirtieron en las corrientes más características de la escultura romana.[12][14]

Tras la consolidación del imperio romano, otras influencias extranjeras, sobre todo orientales, determinaron una progresiva separación del canon griego hacia una simplificación formal de tendencia abstracta, que estableció las bases del arte bizantino, paleocristiano y medieval. Este proceso, sin embargo, se intercaló con varios períodos de recuperación del clasicismo, que además de fortalecer el vínculo simbólico con el pasado fueron útiles para el mantenimiento de la cohesión cultural y política del vasto territorio. Ni siquiera la cristianización del imperio pudo determinar la exclusión de referencias a la escultura clásica romana pagana, y hasta el siglo V, cuando la unidad política se rompió definitivamente, los modelos clásicos siguieron siendo imitados, pero adaptados a los temas del nuevo orden social, político y religioso que se había instaurado.[15]

El estudio de la escultura romana ha demostrado ser un desafío para los investigadores por su evolución que es cualquier cosa menos lineal y lógica. Los intentos de imponer un modelo de desarrollo formal como un sistema orgánico sobre la historia de la escultura romana se muestran inexactos y poco realistas. A pesar de algunos desacuerdos entre los especialistas en muchos puntos, ya se tiene una idea más o menos clara sobre las características generales de cada etapa evolutiva, pero, cómo fue su desarrollo y cómo se transforman de una a otra etapa ha demostrado ser un proceso muy complejo y que aún está lejos de entenderse bien. Una tendencia duradera al historicismo y eclecticismo, aún más pronunciada que la observada durante el período helenístico, junto con la presencia de diferentes estilos, en esculturas producidas en el mismo momento histórico para distintas clases sociales, e incluso dentro de una sola clase, atendiendo a las necesidades de cada tema y situación, hacen que su comprensión sea aún más compleja.[16]

Además del gran mérito intrínseco de la producción escultórica romana, el hábito generalizado de copias de obras anteriores griegas y alusiones al clasicismo griego a lo largo de toda su historia, incluso por los primeros cristianos, mantuvo viva una tradición y una iconografía que de otra forma podrían haberse perdido. Gran parte del conocimiento de la cultura y el arte de la Grecia antigua, y más, la escultura romana —junto con la griega— tuvo una importancia fundamental en la formulación de la estética del Renacimiento y el Neoclasicismo, que confirma su vitalidad y significado incluso en los tiempos modernos, y es considerado hoy como uno de los organismos artísticos más importantes de la cultura occidental, como lo demuestra el gran número de estudios especializados de que es objeto y de la fascinación que todavía tiene en el público en general.[17]

Archivo:Munich Cup Diatretum 22102016 1.jpg
Gobelet en vidrio diatreta romano de la segunda mitad del siglo IV, encontrada en Colonia y conservada en la Staatliche Antikensammlungen de Munich. La inscripción en la parte superior de la copa dice: Bibe multis annis («Bebe y vivirás muchos años»).
Archivo:Roman - Pyxis - Walters 4776 - View A (cropped).jpg
Una lujosa píxide romana, finales del siglo I a. C. Museo de Arte Walters, Baltimore.

La vidriería romana se conoce gracias a los objetos hallados en todo el Imperio romano, en contextos domésticos, industriales y funerarios. El vidrio fue un material predilecto para los romanos quienes se proveían de él a través del comercio con egipcios y fenicios. El vidrio se utilizaba principalmente para la fabricación de recipientes, aunque también se producían teselas para mosaicos y vidrios de ventanas. La fabricación de vidrio romana se desarrolló a partir de las técnicas helenísticas, centrándose inicialmente en la producción de recipientes de vidrio colado opacos o translúcidos con colores intensos. Sin embargo, durante el siglo I, la industria del vidrio experimentó un progreso técnico muy rápido, que incluyó la introducción del soplado de vidrio y el predominio de los vidrios transparentes incoloros, conocidos como aqua.[19][20]

La producción de vidrio en bruto se estableció en lugares geográficamente distintos de aquellos en que se fabricaban los objetos de vidrio,[19][20] y, desde finales del siglo I, una industria a gran escala dio como resultado el uso del vidrio como un material comúnmente disponible en el mundo romano, que también conocía tipos de cristalería de lujo, que a veces denotaban un nivel muy alto de habilidad técnica y una destreza excepcional.

Ya desde el principio del Imperio lo fabricaron en la metrópoli y fuera de ella (en las Galias y España, al decir de Plinio el Viejo y San Isidoro), dándole las mismas aplicaciones que los egipcios y fenicios y perfeccionando las formas de sus vasijas que resultan más variadas y elegantes. Apenas se descubre sepultura romana que no contenga fiolas o botellitas de vidrio ya incoloro ya verdoso, cubiertas de irisaciones por la acción de la humedad y del aire. Estos frasquitos, siempre de formas estrechas suelen ser denominados lacrimatorios y ungüentarios por los coleccionistas pero servían únicamente para contener aceites o perfumes en los sepulcros, no para depositar en ellos lágrimas. También perfeccionaron los romanos el arte de producir relieves de figuras en los vasos de vidrio por la adición de otra capa de esmalte o vidrio de color distinto junto con el modelado y cincelado o grabado de ella que se había inventado por los egipcios de modo que la superficie exterior de semejantes vasos ofrece todas las apariencias de un camafeo de piedra ónice de grandes dimensiones. Se les llama hoy vasos murrinos falsos, por imitar a los verdaderos. Las vasijas más preciosas de esta forma que se conservan están en el Museo de Nápoles y en el Británico.

Los romanos decoraban las vasijas preciosas de vidrio con los procedimientos que siglos más tarde reprodujeron los venecianos y se distinguen con los nombres de reticella (vasos reticulados) y millefiori (milflores o vasos floridos) los cuales resultan de la adición de barritas y filigranas de vidrio ya en la superficie para los reticulados, ya incluidas en la masa o en el espesor de las paredes del vaso para los milflores. Produjeron también las fábricas romanas vidrios para ventanas y claraboyas aunque de pequeñas dimensiones e hicieron estatuitas de este material e imitaciones de piedras finas con grabados.

Véase también

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Referencias

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  1. Álvaro López, 2006, p. 65.
  2. Álvaro López, 2006, p. 67.
  3. Janson, op. cit., 159.
  4. 4,0 4,1 Janson, op. cit., 162.
  5. Janson, op. cit., 167.
  6. H. W. Janson; Anthony F Janson (2001). History of Art (6th edición). New York: Harry N. Abrams. p. 160. 
  7. Janson, op. cit., 160.
  8. 8,0 8,1 Janson, op. cit., 165.
  9. David Piper (curator) (1986). The Illustrated Library of Art. New York: Portland House. p. 256. ISBN 0-517-62336-6. 
  10. Piper, op. cit., 260.
  11. Gardner, Helen; Kleiner, Fred S. & Mamiya, Christin J. Gardner's art through the ages: the Western perspective. Cengage Learning, 2005. Volume 1. pp. 178–185.
  12. 12,0 12,1 12,2 «Collection World». Collection World. Consultado el 3 de noviembre de 2023. 
  13. Cartwright, Mark. «Escultura romana». Enciclopedia de la Historia del Mundo. Consultado el 3 de noviembre de 2023. 
  14. Barral i Altet (1987) pp.260-261
  15. Kousser, Rachel M. (2008). Hellenistic and Roman Ideal Sculpture (en inglés). Cambridge University Press. pp. 113-114. Consultado el 12 de abril de 2010. 
  16. Fullerton, Mark D. (1990). The Archaistic Style in Roman Statuary (en inglés). Leiden: E. J. Brill. p. 190. ISBN 978-90-04-09146-7. Consultado el 13 de abril de 2010. 
  17. Kousser, Rachel M. (2008). Hellenistic and Roman Ideal Sculpture (en inglés). Cambridge University Press. p. 114. ISBN 978-0-521-87782-4. Consultado el 16 de marzo de 2010. 
  18. «Museo Archeologico Nazionale di Napoli». Museo Archeologico Nazionale di Napoli. Archivado desde el original el 12 de agosto de 2021. Consultado el 26 de noviembre de 2021. 
  19. 19,0 19,1 Fleming, S. J., 1999. Roman Glass; reflections on cultural change. Philadelphia, University of Pennsylvania Museum of Archaeology and Anthropology.
  20. 20,0 20,1 Stern, E. M., 1999. Roman Glassblowing in a Cultural Context. American Journal of Archaeology 103/3, 441-484.

Bibliografía

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  • Álvaro López, Milagros (2006). Historia del arte. Madrid: Anaya. ISBN 84-667-2430-3. 

Enlaces externos

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